Vistas a la página totales

domingo, 12 de octubre de 2014

CACERIA DE BRUJAS Y CABEZAS DE TURCOS


En Europa, en el siglo XVII se apagaban las hogueras en las cuales fueron quemadas cientos de mujeres bajo la acusación de ser brujas o poseídas de Satanás. Sin embargo, la horca apareció por el mismo motivo en América, en Salem, pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, mismo fundado en 1626 por Roger Conant, inmigrante puritano muy religioso.

En 1692, un grupo de jovencitas,- muchachas y niñas-, se reunían a escuchar las historias de Tituba,- una esclava negra-, en la casa del Reverendo Samuel Parris. Las historias que contaba esta mujer exaltaba a las jóvenes, principalmente a la hija del reverendo y a su prima Elizabeth, provocando llantos y malestares. Ante esto, se expulsó del pueblo a la esclava, pero las muchachas siguieron sufriendo estas manifestaciones y convulsiones. Los del pueblo comenzaron a preguntarse si las jóvenes no estarían sufriendo una posesión demoníaca.

El problema comenzó a salir de control cuando en un ataque de ira, Elizabeth, ante un regaño de su padre, lanzó una Biblia y comenzó a blasfemar mientras brincaba por la casa como una loca. Las otras chicas,- eran siete en total-, comenzaron a imitarla, lanzando improperios contra Dios y actuando como si estuviesen poseídas. Fueron llevadas inmediatamente ante el “sabio” Dr. Griggs, quien declaró que estaban poseídas y su sabiduría fue aclamada por jueces y autoridades de Salem.

Otros más sensatos dijeron que eran berrinches de niñas malcriadas y que con unos buenos azotes se acabaría el problema, sin embargo, esa idea no fue tomada en cuenta. Se debía buscar un o unos responsables y acusarlos de lo que fuera.

Como los jueces creyeron las malacrianzas de las jóvenes, el amor propio de éstas les impidió dar marcha atrás con la farsa. Ocultaban su mentira con más mentiras. Al preguntárseles quién era el causante de su posesión, se les ocurrió decir el nombre de alguna persona que no les resultaba simpática o que no podía defenderse. Los primeros nombres fueron: Tituba, Sarah Good y el de la tullida Sarah Osborne, vergüenza de Salem por su afición al alcohol. También el de una mujer llamada Martha Cory, madre soltera de un niño de tez oscura quien con cuyos pecados había hecho sufrir a la santa comunidad.

Las jóvenes, quienes no eran tontas, jamás dieron nombres de vecinos respetables, lo cual las hacía más creíbles. Al final fueron acusados dos centenares de personas. El juicio se realizó en Mayo de 1692.

Los ánimos estaban exaltados, se les preguntó a las acusadas si habían tenido comercio carnal con Satanás y por qué tenían interés de corromper a tan inocentes criaturas. Sarah Good se defendió diciendo que aquello era una tontería y su respuesta fue tan sensata que el juez pidió a las niñas que la miraran y juraran que era ella la que estaba ocasionando la posesión demoníaca. Cayeron en otro ataque de histeria y contestaron afirmativamente. A Good la condenaron a morir en la horca. Osborne murió en el calabozo salvándose de ser ahorcada y Tituba se “confesó” culpable, pero reconoció que ella al igual que las chicas había sido víctima de Satanás. Fue encarcelada y pasó bastante tiempo encerrada.

Todos los habitantes se prestaron a la farsa para poder salvar sus propios pellejos. El silencio se convirtió en un arma para no despertar sospechas, pues una palabra mal interpretada podría convertirse en pena de muerte. En el servicio religioso de los Domingos, las mujeres llegaban con un capuchón para no ser reconocidas. Algunos aprovecharon esta situación para acusar a aquellos que les debían dinero o a enemigos personales.

A tal punto llegó la histeria que cuando acusaron a una anciana de reputación intachable, llamada Rebecca Nurse y el juez falló a su favor, la gente estalló en histeria, rompiendo bancos y maldiciendo. El juez rápidamente corrigió su “error” y la mandó a colgar.

También colgaron a un servidor en la marina, llamado John Alden, quien vendía armas a los indios y franceses, además de  tener hijos de todos los colores. Alden se burló de la histeria de las mujeres, que bufaban, aullaban y se revolcaban al verlo. Manifestó abiertamente el desprecio que sentía por Salem, además de conservar el sombrero puesto en signo de protesta. El tribunal no se atrevió a condenarlo a morir, así que lo enviaron a prisión de donde escapó al día siguiente.

Otro acusado fue el reverendo George Burroughs, desposeído de su ministerio dos años atrás al acusar a Salem de no pagarle la suma que le debían. Una niña contó que Burroughs penetró en su cuarto una noche y escribió su nombre en un libro con quién sabe qué intenciones, además de propinarle mordiscos en la espalda. Burroughs afirmó que aunque fuera brujo, era imposible estar en dos lugares al mismo tiempo, puesto que esa noche estaba en otro pueblo lejano a Salem. A pesar de su declaración, fue enviado a la horca.

Del 18 de Junio al 22 de Septiembre de 1692 fueron colgadas o torturadas diecinueve personas y el “terror” perduró hasta el 13 de Enero del siguiente año, cuando el jurado se dio cuenta que debía eliminar 30 de las 56 actas de acusación y de las 26 restantes, sólo se reconoció culpabilidad de tres acusadas de “provocar la aparición de malos espíritus después de pactar con el diablo”.

Estos juicios por brujería han sido usados retóricamente en la política y la literatura popular como una advertencia real sobre los peligros del extremismo religioso, acusaciones falsas, fallos en el proceso y la intromisión gubernamental en las libertades individuales. De acá la frase: “Cacería de brujas”

Los acontecimientos en los “juicios” tuvieron una profunda influencia en la región y pudieron contribuir al deterioro de la influencia de los puritanos en el gobierno de Nueva Inglaterra y la posterior secularización de su población.

Un chivo expiatorio,- del latín expiatorius-, es la denominación que se da a una persona o grupo de ellas a quienes se quiere hacer culpables de algo de lo cual no lo son, sirviendo así de excusa a los fines del inculpador.

En la antigüedad en un pueblo de la actual Israel, se solía sacrificar un chivo,- joven macho de la cabra-, en rituales religiosos para purificar las culpas de la población por medio del sacrificio. La expresión proviene del latín expiatorius y significa literalmente “antes de venerar”.

La expresión se menciona en la Biblia,- Levítico 16:8, 10, 26-, en un ritual del antiguo pueblo de Israel para el cual mediante el azar se elegían dos chivos como ofrenda para Yahveh. Un chivo era sacrificado por el sacerdote durante el rito; el otro era cargado con todas las culpas del pueblo y lanzado al desierto. Éste último era conocido como “Chivo Expiatorio”. En la actualidad se utiliza la expresión para denominar a aquél que paga las culpas de otra persona o grupo, librando a éstos de represalias.

En Sociología, el término se utiliza para designar a una persona o grupo por el cual los más afectados por la frustración redirigen su agresión. Un Chivo Expiatorio también es conocido como “Cabeza de Turco”.

Cabeza de Turco, de manera más específica, se emplea para calificar a aquellos sobre quienes se aplica injustamente una acusación o condena para impedir que los auténticos responsables sean juzgados.

En la actualidad, en el Estado de El Salvador, las derechas se han dado a la tarea de realizar una Cacería de Brujas, buscando Chivos Expiatorios y haciendo rodar Cabezas de Turco, todo al estilo de las purgas internas de los años de gran poder de la extinta Unión Soviética.

Se acaba de ver a un buen alcalde “renunciar” a su candidatura para un tercer período apenas a un poco más de cuatro meses de las elecciones; dicho candidato despotrica contra una Alcaldesa de su propio partido de otro municipio del Area Metropolitana de San Salvador; el mismo candidato deja ver claramente que su instituto político está dividido precisamente por su candidatura; comienza a circular un listado de “destinatarios” de los fondos que en su momento entregó la República de China – Taiwán a El Salvador; sale a la luz pública que, el ejemplar del Acta de la Firma de los Acuerdos de Paz del Gobierno y Estado de El Salvador, obra en poder de un expresidente en vez de estar la misma en el Archivo General de la Nación, como corresponde.

¡Todo este escenario, ante un aparente mutismo de las izquierdas, quienes ríen a voz baja!

¡Saque el lector sus propias conclusiones!



DOM 12 OCT 14


No hay comentarios.:

Publicar un comentario