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miércoles, 24 de octubre de 2018

¿HECHOS AISLADOS?





MILES DE MIGRANTES HONDUREÑOS MARCHAN HACIA EE. UU.




Según varias religiones milenarias, dhármicas, el karma es una energía trascendente, invisible e inmensurable, generada a partir de los actos de las personas. Es también conocido como un espíritu de justicia y equilibrio. Este concepto es una creencia central en el hinduismo, budismo, jainismo, ayyavazhi y en el espiritismo. Se tiene como una “ley cósmica” de retribución o de causa y efecto. De esto, toda acción acarrea una reacción opuesta. Es importante destacar que, el concepto de karma es muy anterior,- en cronología-, a las religiones mayoritarias en boga en los actuales tiempos.

Hasta hace un poco más de trescientos años, Isaac Newton enunció “su” tercera ley: “Por cada fuerza que actúa sobre un cuerpo, éste realiza una fuerza igual pero de sentido opuesto sobre el cuerpo que la produjo.” Así, la ley del karma se aplica para un sinfín de casos en la vida. ¡Todo acto acarrea una consecuencia!

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Durante siglos, el Imperio Romano dominó el mundo occidental, llevando progreso, cultura y bienestar económico y social a los pueblos de Europa, y sirviendo de puente entre las culturas de Oriente y Occidente. ¡Ese imperio es la base de la civilización occidental de hoy en día!

Este “invencible” y poderoso imperio, en su momento de declive, sucumbió finalmente tras sufrir la invasión de hordas de pueblos germánicos,- bárbaros-, del norte de Europa, los cuales conquistaron las provincias del imperio y finalmente la propia Roma. Esta invasión solo fué el punto final de un largo período de decadencia del imperio. Es de destacar que inicialmente los bárbaros fueron atacados por Roma en su expansionismo.

Las causas de la caída del Imperio Romano no son solo de carácter militar, si no de carácter económico, social y, sobre todo, religioso. Es de tomar debida nota que, los invasores bárbaros se encontraron con un imperio roto por dentro, corrompido, con una población hastiada, que en muchas ocasiones se ponía del lado de los invasores, facilitando la conquista.

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Muchos siglos después, luego de haber saqueado sus territorios y colonias, la historia demostró ser repetitiva una vez más: El Imperio Español sucumbió primero a manos del naciente Imperio Inglés y, éste hizo lo propio unos siglos más tarde.

Los imperios son conformados por seres vivos y, análogamente, nacen, crecen, se reproducen,- se expanden-, y ... mueren,- decaen o se extinguen-.

Hace unos cuantos años, la mayoría de los lectores han sido testigos que esta ley de final declive y/o extinción de los imperios es inexorable e ineluctable: Se ha visto el colapso implosivo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas,- URSS-, ante la arremetida de competencia económica y la prolongada Guerra Fría contra los Estados Unidos de America,- EE. UU-.

Hoy en dia, EE. UU. y China, libran una batalla comercial, para ver cual de los dos imperios prevalece. EE. UU. apunta sus armas económicas para lograr un final para China, similar al de la URSS.

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En los años veinte del siglo antepasado, se hacía realidad irreversible el proceso independentista en la América continental que había estado bajo dominio español.

En 1822, EE. UU. reconoció a las naciones independientes hispanoamericanas, aunque mantuvo el abastecimiento a los ejércitos realistas españoles y también la labor de espionaje, lo que provocó protestas de dirigentes como Simón Bolívar, Pedro Gual y Bernardo Rivadavia, entre otros. ¡Una vela a Dios, una vela al Diablo!

Todo llevó a posturas de EE. UU. que se resumieron en la llamada “Doctrina Monroe” en 1823: “America para los americanos.”

Sin embargo, otro acontecimiento vendría a llamar la atención de EE. UU.: El intento de los hispanoamericanos por encontrar un mecanismo de concertación colectiva, lo que se trató de plasmar a través de la convocatoria a un congreso que debía celebrarse en 1826: El Congreso de Panamá o Congreso Anfictiónico de Panamá.

La intención primordial del Congreso Anfictiónico de Panamá era el establecimiento de una sola república federada o confederada en Hispanoamérica o, de ser posible, en América. Al final, se optó por invitar a EE. UU a dicho evento. ¡El gato en la fiesta de los ratones!

Simón Bolívar, luego del fracaso de dicho congreso, exclamó: “!Hemos arado en el mar!”

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Construir un muro en la frontera con México fué uno de los ejes de campaña de Donald Trump, mostrando su disposición a profundizar una política migratoria que en la era Obama ya se reveló especialmente dura con más de 2.5 millones de inmigrantes deportados desde 2009.

En su intento de consolidar una agresiva versión moderna de la Doctrina Monroe, el principal blanco ha sido los mexicanos,- 52% de los 11 millones de migrantes ilegales que viven y trabajan en los empleos más precarios en EE. UU.-, a quienes se tildó de “violadores, delincuentes y narcotraficantes”.

Antaño, México ya perdió más de la mitad de su territorio a manos de su poderoso vecino del norte, por lo que gran parte de las fronteras que ahora EE. UU. pretende “proteger” de México, pertenecían a esta nación.

Apenas constituido como nación independiente en 1776, EE. UU. contaba con una extensión modesta: Un territorio de menos de medio millón de kilometros cuadrados con tan solo dos millones y medio de habitantes. Unas 7 décadas más tarde su territorio era once veces mayor, con una población de 20 millones de habitantes, la gran mayoría inmigrantes.

Esta vertiginosa extensión se basó en la aplicación de políticas que combinaron el exterminio y/o desplazamiento de los pueblos nativos que fueron despojados de sus territorios,- proceso denominado eufemísticamente la “mudanza de los indios”, por el que el hombre blanco ocupó el territorio entre los Montes Apalaches y el Mississipi-; la compra o negociación de territorios con potencias imperialistas: Francia vendió la Luisiana-, España vendió la Florida Occidental y la Florida Oriental; Rusia vendió Alaska; y, la guerra de conquista de territorios mexicanos.

Acompañada por una justificación ideológica providencial bajo la idea del “destino manifiesto” de los estadounidenses a civilizar al resto de los pueblos, la Doctrina Monroe cobró máxima expresión en la política del presidente James Knox Polk quien en 1846 declaró la guerra a México.

Desde la culminación de su independencia de España en 1821, México se alzaba como una enorme masa territorial de unos 4.5 millones y medio de kilometros cuadrados, sobreextensión que en ausencia de un liderazgo con arraigue nacional, obró en su contra. La inestabilidad por las disputas entre las élites regionales impidió en los primeros años de México, la consolidación de un régimen político duradero,- de monarquía a república federal, después unitaria y luego federal-, acarreando una incapacidad de controlar en forma efectiva los territorios, en particular los del norte aledaños al Río Grande, que recibían escasos recursos del gobierno central debido a la distancia y a la poca densidad demográfica de Alta California y Santa Fé de Nuevo México.

Desde la década del 1820, los gobiernos mexicanos consintieron el establecimiento de colonos norteamericanos en los Estados de Coahuila y Texas como forma de limitar el avance de las tribus comanches en el oeste, tarea iniciada por el empresario de Virginia, Stephen F. Austin, quien encabezó la llegada de los primeros 300 colonos,- los “Old Three Hundred”-. Su crecimiento acelerado y extensión sobre las tierras fértiles del este llevó al presidente Anastacio Bustamante a prohibir en 1830 el ingreso de colonos. Para 1835, luego que el dictador Santa Anna revocó la constitución federal para imponer un régimen centralista, los colonos estadounidenses de Coahuila y Texas, junto con un ejército de mercenarios enviados y pertrechados por EE. UU., se alzaron en armas, resultando vencedores en Texas e imponiendo un tratado que establecía su independencia en 1836.

La República de Texas fué un experimento de corta duración, y en 1845 sería anexada a EE. UU. como parte de un plan más ambicioso de apropiacion de territorios mexicanos. En homenaje al voraz empresario Austin, pionero en la colonización de México, hoy lleva su nombre la capital de la actual Texas.

En su insaciable ánimo expansionista, EE. UU. envió tropas al Río Grande por parte de James Polk, interesado en las provincias mexicanas de Alta California y Santa Fé de Nuevo México, declarándose la guerra a México en 1846 bajo la excusa del asesinato por parte de guerrilleros mexicanos de un coronel estadounidense.

El General Taylor a cargo de las tropas norteamericanas escribió reveladoramente en su diario: “He mantenido que los Estados Unidos son los agresores. No tenemos el más mínimo derecho de estar aquí… Parece que el gobierno envió un pequeño destacamento adrede, para provocar la guerra, para tener un pretexto para tomar California y todo el territorio que se le antoje.”

Si la guerra despertó simpatías al comienzo, pronto se volvio impopular. A las tropas regulares se sumó un ejército estadounidense de voluntarios de los cuales la mitad eran inmigrantes recientes, sobretodo irlandeses y alemanes, que vió como cada vez más soldados que se habían enlistado por la promesa de una paga y acres de tierra pública comenzaban a desertar, y no pocos a pasarse al bando mexicano, como fué el caso del batallón de irlandeses San Patricio. Aún así, se impuso ante un México debilitado por la confrontación entre federalistas y centralistas,- que derivó en la rebelión de Yucatán en 1841 y otros intentos secesionistas en Sonora y Tamaulipas-, carente de un poder militar cohesionado, y desgastado económicamente luego de la guerra en Texas y el conflicto militar con Francia entre 1838-1839 conocido como la “Guerra de los Pasteles”.

El bloqueo de los puertos mexicanos sumado al rápido avance de las tropas estadounidenses garantizó la ocupación de Santa Fé de Nuevo México y Alta California, que aportó con una rebelión interna de colonos anglosajones que declararon en 1846 la República de California, rápidamente convertida en territorio de EE. UU.

En marzo de 1847, tras un masivo desembarco y bombardeo norteamericano, caería Veracruz, la “puerta de México al mundo” por ser el puerto más importante desde la época virreinal, abriendo el avance de las tropas de EE. UU. hacia la ciudad de México, que caería a fines de ese año.

EE. UU. impuso a México la firma del Tratado de Guadalupe de Hidalgo por el que se reconocía el dominio estadounidense sobre Texas y le entregaba las provincias de Alta California y Santa Fé de Nuevo México, que actualmente son los Estados de Nevada, Nuevo México, Arizona, California, Utah y partes de Wyoming, Colorado, Oklahoma y Kansas. A cambio de la pérdida de más de 2.1 millones de kilometros cuadrados,- el 55% de su territorio-, EE. UU. abonó a México US$15 millones. Por eso, el periódico norteamericano Whig Intelligencer pudo decir: “!No tomamos nada por conquista… Gracias a Dios!”

Para México, la relación con EE. UU. ha estado llena de pesares, agravios y abusos. Éste ha sido para aquél, un vecino demasiado cercano y a la vez muy distante. No deja de acudir a la mente aquella frase, que se le atribuye a Porfirio Díaz: “!Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos!” (En realidad esta frase fué escrita por Nemesio García Naranjo, intelectual regiomontano.)



HONDUREÑOS CRUZANDO HACIA MEXICO



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Luego de la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. ocupó el primer lugar como potencia mundial con su bomba atómica. Sin embargo, dos acontecimientos desafiaron exitosamente este liderazgo: Primero, la Guerra de Corea, recién terminado el conflicto mundial; y, luego Vietnam.

El mismo héroe de guerra estadounidense, General Douglas McArthur,- quien gritara, “!Volveré!”, al tener que abandonar Filipinas apresuradamente en la conflagración mundial ante la invasión japonesa,- y quien en efecto volvió-, al notar que el conflicto coreano no pintaba bien para EE. UU., llegó a pedir el uso de armas atómicas en contra de los comunistas apoyados por los chinos. ¡Truman no aceptó la propuesta y destituyó al General!

En un momento dado del conflicto de Corea, el mismo General exclamó que, no daría ni un paso atrás y, cuando ordenó la retirada ante el avance de los comunistas del norte y los chinos, dijo: “!No estamos retrocediendo, solo estamos avanzando hacia atrás!”

De Vietnam solo basta decir que, luego de casi diez años, EE. UU. tuvo que abandonar la guerra contra los comunistas de Vietnam del Norte, logrando una “Paz con Honor”, eufemismo que disfrazaba su derrota.

Los chinos, los norcoreanos y los norvietnamitas, fueron los primeros en oponerse y salir triunfantes en contra de EE. UU. luego de la segunda conflagración mundial. ¡El ejemplo cunde!

Del refranero popular: “El matón vive mientras el débil (cobarde) lo permite.”

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Hace unos pocos días, ha dado inicio una marcha de hombres, mujeres y niños partiendo de San Pedro Sula, Honduras, con destino a EE. UU., lugar en el que piensan pedir asilo o... entrar a como dé lugar, como ya lo han hecho en Guatemala y México.

Se estima que ya son mas de 4 mil las personas que han logrado ingresar ilegalmente, cruzando el río fronterizo y evadiendo la vigilancia de cientos de policías mexicanos sobre el puente internacional, por donde solo se permite el paso a mujeres y niños.

Los migrantes, que dijeron que habían abandonado sus intentos de entrar legalmente a México porque el proceso de solicitud de asilo político es demasiado lento, se congregaron el pasado Sábado en un parque de la fronteriza Ciudad Hidalgo. Allí votaron con las manos alzadas en favor de continuar colectivamente hacia el norte y entonces marcharon hacia el puente sobre el río Suchiate y llamaron a los que seguían allí a que se les sumasen.

Entre gritos de “¡Vamos caminando todos juntos!” y “¡Sí se puede!”, desafiaron las advertencias del presidente de EE. UU., Donald Trump, quien les dijo esta semana que volvieran a sus países. Trump ha convertido a la caravana y la seguridad fronteriza en general en un tema de campaña a poco más de dos semanas de las elecciones legislativas en EE. UU.

La decisión del grupo puso fín a una jornada en la que, nuevamente, las autoridades mexicanas se rehusaron a permitir el ingreso en masa de los migrantes en el puente, pero comenzaron a aceptar a pequeños grupos para su proceso de asilo y otorgaron algunos permisos de visita por 45 días.

México había intentado mantener el orden después de una caótica jornada el Viernes, en la que miles de personas se abalanzaron por el puente fronterizo solo para ser recibidos por un grupo de policías con equipo antimotines. Las autoridades comenzaron a repartir números entre la gente para ser procesada, una estrategia que se ha visto antes en puestos fronterizos de EE. UU. cuando se presenta un gran número de migrantes.

Pero a pesar de la fuerte presencia policíaca en la frontera, un buen número de migrantes llegó a territorio mexicano con relativa facilidad, cruzando el Río Suchiate, que representa una porosa frontera entre México y Guatemala.

Nadaron, cruzaron con la ayuda de sogas o pagaron a los locales el equivalente a US$1.25 para llevar personas y artículos a través de las aguas fangosas, y no fueron detenidos una vez que llegaron a territorio mexicano.

Resulta curioso que EE. UU., que otrora alentaba a los países tras la extinta Cortina de Hierro en la Europa Oriental, a permitir la salida de sus ciudadanos y, que alentaba hasta hace pocos años a los cubanos a huir hacia EE. UU. desafiando al gobierno de la isla y poniendo en riesgo la vida propia, ahora no permita la entrada de migrantes latinos que intentan refugiarse en las mismas tierras, tierras arrebatadas antaño a México.

Se ha visto a Mel Zelaya, el otrora presidente hondureño derrocado con la venia del imperio, apoyando esta marcha hacia EE. UU. En Guatemala, El Salvador y México, no se ha podido detener esta marcha. Todo apunta a que, el problema se traslada a EE. UU. y el mismo puede volverse grande, principalmente por el hecho que se está a pocos días de elecciones y que la policía y milicia estadounidenses no estarán en la disposicion de abrir fuego en contra de civiles. Además, si se les reprime, las imágenes serán vistas por todo el mundo. ¡El desprestigio diplomático puede ser enorme!

Cualesquiera puede afirmar que, a EE. UU. le importa un bledo el desprestigio. Si esto fuera así, el problema con Cuba hubiera sido terminado militarmente desde el inicio.

La caravana ya recorrió más de 700 kilometros desde San Pedro Sula, de donde partieron el 13 de Octubre pasado, hasta Ciudad Hidalgo, en el sureño estado mexicano de Chiapas. Aún quedan 3 mil kilómetros por delante.

A semejanza del efecto de la bola de nieve, que supuestamente al rodar colina abajo se va haciendo cada vez más grande, la marcha cuenta con el apoyo de los lugareños por donde va pasando y sus filas se van engrosando cada día más.

En tanto, los presidentes de Honduras, Juan Orlando Hernández,- el “ganador de las últimas elecciones”-, y de Guatemala, Jimmy Morales,- el que ya no quiere que la CICIG continúe luchando contra la corrupción en su tierra-, denunciaron el Sábado motivaciones políticas en la caravana, que se aprovecha de la “desgracia del ser humano” y de la “buena fé” de los Estados.



MARCHANDO HACIA EE. UU.



Surge la pregunta: ¿Quién está detrás de esta marcha? Se dice que Venezuela la está financiando. No sería remoto y ello es realmente muy probable. Pero, como reza el viejo proverbio chino: “!Qué si el gato es blanco,… que si el gato es negro,… lo importante es que se coma los ratones!”

¿Lograrán entrar estos migrantes a EE. UU.?

¿Constituyen estos migrantes “modernas hordas de bárbaros”?

¡Saque el lector sus propias conclusiones!



José Roberto Campos hijo
MIE 24 OCT 18












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