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domingo, 29 de marzo de 2026

APUNTES SOLAMENTE PARA CAVILAR

 


HO CHI MINH


En el año de 1938, ALEMANIA anexó AUSTRIA –Anschluss– y luego CHECOSLOVAQUIA –primero los Sudetes y después las regiones de BOHEMIA y MORAVIA–. Hitler –der Führer, el Líder–, percibiendo que no había poder en el mundo capaz de poner un alto a su ambición, soberbia y deseo, hizo a un lado el Derecho Internacional y primó en él la voluntad de hacer grande a ALEMANIA de nuevo y devolver a ésta la gloria perdida –tal como lo había ofrecido y prometido a su pueblo en su campaña política–. Así, procedió el 1 de septiembre de 1939 a invadir POLONIA, dando inicio oficialmente la Segunda Guerra Mundial. La victoria fue rápida –unas cuantas semanas– gracias a la Blitzkrieg –Guerra Relámpago–. Militarmente hablando, este país invadido era un “enano” comparándolo con el invasor.

 

La embriaguez producida con esta “gran victoria”, surtió asimismo los efectos de una gran inyección de dosis de adrenalina en Hitler y continuó éste dando cuenta de países militarmente débiles: DINAMARCA, NORUEGA, BÉLGICA, HOLANDA, LUXEMBURGO, la “invencible e inexpugnable” FRANCIA –protegida con la famosa Línea Maginot–, YUGOSLAVIA y GRECIA.

 

Hasta ese momento, Hitler solamente había enfrentado poderíos militares débiles, aunque en honor a la verdad, ALEMANIA era una gigantesca y poderosa potencia militar gracias a que Hitler había logrado hacerla resurgir; sin embargo –acá el “pero”– todo ello lo condujo a creer que era invencible y a cometer el más grande error de su vida: se atrevió a invadir la UNIÓN DE REPÚBLICAS SOCIALISTAS SOVIÉTICAS –URSS–, sin imaginar que ello lo conduciría a su total derrota. Al final, esta “débil” república federal, colocó al invasor teutón un cencerro que jamás podrá ser quitado de la historia.

 

En su momento, muchos de sus generales aconsejaron a Hitler que no invadiera la URSS –la siempre repetitiva historia–; sin embargo, la soberbia y la ira le fueron malas consejeras.

 

*                    *                    *

 

Ya desde 1910, el enjuto e insignificante de físico, Nguyễn Sinh Cung –Ho Chi Minh–, había comenzado a luchar por lograr la independencia de VIETNAM del yugo francés. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el 2 de septiembre de 1945, declaró él la independencia, dando comienzo a la guerra para expulsar al invasor de dicho territorio.

 

En 1946, Ho Chi Minh dijo a un líder militar francés: “Podrás matar a 10 de mis hombres por cada uno que yo mate de los tuyos, pero incluso con esas probabilidades, perderás y yo ganaré.”

 

Ho Chi Minh era un hombre estudioso e idealista, que gustaba mucho de llevar estadísticas y ya se había percatado que, por cada invasor caído, morían diez vietnamitas; sin embargo, los invasores no tomaron en cuenta la tenacidad del pueblo oriundo.

 

Al final, se calcula que en los 30 años de la campaña militar para liberar definitivamente al país en 1975, entre 1 millón y 3 millones de vietnamitas –militares y civiles– perdieron la vida. De los últimos invasores, perdieron la vida unos 58 mil. Esto es, unos 17 a 51 vietnamitas caídos por cada invasor muerto. Los números de Ho Chi Minh habían sido en verdad muy conservadores y optimistas; pero en algo no se equivocó: ¡VIETNAM ganó derrotando a los invasores quienes en una forma humillante huyeron despavoridos!

 

Así, la historia demostró –una vez más– que, no se trata de tener las más modernas y poderosas armas, sino de la voluntad y tácticas de combate adecuadas. Si esto no fuera así, no hubieran triunfado las guerras de independencia de colonias inglesas y españolas –por citar un par de ejemplos– alrededor del mundo.

 

Por otra parte, si se revisa la historia, el slogan que se ha venido vendiendo para promocionar la guerra, es que, es necesario tomar las armas para “defender la democracia y la libertad”. Entonces, según lo anterior, no es por ambiciones políticas, geográficas ni de recursos, es solamente por un sentimiento humano solidario de libertad y democracia –¡¿?! –.

 

En el caso de VIETNAM, la “altruista intención de occidente” era detener el avance del comunismo en ASIA, para así lograr la defensa de la democracia y la libertad, y enseñar a vivir a los vietnamitas en la forma que occidente promocionaba. De todo, fue necesario asesinar una inmensa cantidad de personas para que al final ellos vivieran en la forma que era su deseo.

 

Si la memoria no falla, salir del conflicto de VIETNAM resultó en extremo difícil. Entrar había sido harto sencillo, pero no se encontraba la forma de abandonar dicho campo de batalla por parte del invasor; sin embargo, ahora todo es historia –sí, repetitiva historia–.

 

Hay una frase popular muy famosa que tiene muchas variables: “El valiente vive hasta que el cobarde quiere.”

 

Así, el poder del abusador –matón–, depende a fin de cuentas de la sumisión de quien lo padece. Una vez la víctima decide dejar de temer y actuar, el dominio del agresor termina.

 

Ho Chi Minh no alcanzó a ver la victoria de VIETNAM pues murió 6 años antes, pero… triunfó.

 

*                    *                    *

 

Tras la Guerra del Golfo en 1991, el dictador iraquí Saddam Hussein, organizó una serie de desfiles para presentar la derrota y retirada de KUWAIT como una “victoria” sobre la coalición internacional. De esta forma, buscaba él consolidar su poder interno, demostrar control tras la campaña de bombardeos aliados y no aceptar públicamente que IRAQ había sido derrotado y forzado a retirarse.

 

La Operación Tormenta del Desierto –iniciada el 17 de enero de 1991– logró la expulsión de las fuerzas iraquíes de KUWAIT en solo 100 horas de ofensiva terrestre. Lo que Hussein dijo que sería “La madre de todas las batallas”, terminó siendo “La madre de todas las retiradas”.

 

Este no es un caso aislado en el mundo: hay líderes que se repiten a si mismos y a sus seguidores –hasta la saciedad– que han ganado la guerra aún y cuando la derrota –o la no victoria– y humillación son de todos conocidas.

 

Acude a la mente la historia de “El traje nuevo del emperador” –“El rey desnudo”–, aquel simpático cuento de Hans Christian Andersen –1837–:

 

Una historia sobre un rey megalómano, soberbio y vanidoso engañado por un par de estafadores que le venden un “traje invisible” que solamente no puede ser visto por los tontos y por quienes no son aptos para los puestos públicos que ocupan. Por miedo a parecer estúpido, el rey y su corte fingen ver el traje, hasta que un niño –en público– grita la verdad: “¡El rey está desnudo!”

 

Así, en la historia, el rey se percata finalmente que está desnudo y que ha sido engañado. En la actualidad, en el mundo real: “El rey está desnudo y él lo sabe.”

 

Y es que: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo. Se puede engañar a todos algún tiempo. Pero, no se puede engañar a todos todo el tiempo.” (Abraham Lincoln)

 

*                    *                    *

 

A continuación, se transcribe una fábula en extremo famosa y que encierra un gran mensaje para este tiempo que se vive:

 

“LA ZORRA Y LAS UVAS

(Fábula)

 

En un día muy caluroso, una zorra sedienta se topó con un racimo de uvas grandes y jugosas que colgaban en lo alto de una parra. La zorra se paró de puntillas y estiró sus brazos intentando alcanzar las uvas, pero éstas se encontraban fuera de su alcance.

 

Sin querer darse por vencida, la zorra tomó impulso y saltó con todas sus fuerzas una y otra vez, pero las uvas seguían inalcanzables. Finalmente, la zorra se sentó a mirar las uvas con un mal simulado gesto de desagrado.

 

– ¡Qué ilusa he sido! –dijo en voz alta platicando sola–. ¡Me he esforzado en alcanzar unas uvas verdes que no saben bien!

 

Y se marchó muy, pero muy enojada.”

 

 

 

¡Saque el lector sus propias conclusiones!

 

 

 

José Roberto Campos hijo

DOM 29 MAR 26

¡Gracias por leer y compartir!

 

 


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