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domingo, 28 de enero de 2018

TRES PRIMOS - TRES IMPERIOS






NICOLAS II, GUILLERMO II Y JORGE V



En Europa, el siglo XIX ha sido mudo testigo de una marcada e imparable tendencia del ocaso de las monarquías ante el avance incontenible de las democracias censitarias. La Revolución Francesa,- acá aparecieron los términos “izquierda” y “derecha”-, y la posterior Era Napoleónica ayudaron a que la tendencia de las ideas republicanas y liberales tomaran un impulso que, equivocadamente, los gobernantes absolutistas creían poder detener.

Quizás el más grande esfuerzo por detener dicho avance, ha sido el innovador proyecto que puso en marcha antes de la Revolución Rusa, la reina Victoria de Gran Bretaña,- Alberto, el esposo de ésta, era alemán-.

El ambicioso y creativo plan de esta reina: Emparentar las dinastías europeas para hacer más fácil conseguir que todos los imperios se entendieran, asegurando además que perdurara la Europa dinástica, ahuyentando así los fantasmas del republicanismo y del liberalismo.

De esto, casó a ocho de sus nueve hijos y a la mayoría de sus nietos con otras casas reales, extendiendo una telaraña de bodas,- algunas indeseadas-. Al final, esta política acabó provocando el efecto contrario, pero esto ya no lo vió la aludida reina.

Los monarcas se convertieron en nuevos déspotas ilustrados actuando permisivamente con el agrado y complicidad de las clases económicamente dominantes. El transitorio y esperanzador avance de las contrarevoluciones en pro de la restauración de las monarquías, solo logró potenciar oleadas revolucionarias aún más radicales, hasta el desarrollo de las ideologías sociales y el movimiento obrero que tuvo su clímax con el triunfo de la Revolución Rusa de 1917.

¿El legado de la reina Victoria? A principios del siglo XX, los tres principales imperios de Europa estaban gobernados por tres primos,- nietos de ella-: Guillermo II, káiser de Alemania,- de 1888 a 1918-; Jorge V, rey-emperador de Gran Bretaña e India,- de 1910 a 1936-, y Nicolás II, zar de Rusia,- de 1896 a 1918-. Guillermo y Jorge eran nietos directos de la Reina Victoria, mientras que Nicolás Romanov era su nieto-político,- su madre era hermana de la madre de Jorge-.

Guillermo II era una persona sin talento y se comportaba como un líder militar prusiano, arrogante, con aires de grandeza y no respetaba a nadie. Él creía ser una especie de reencarnación de Federico el Grande, pero era todo lo contrario. Incluso se cree que padecía algún tipo de deficiencia mental. Era también un anglófobo empedernido, obsesionado en romper la Entente Cordiale entre franceses y británicos, algo que nunca logró, pese a que recibió educación británica y tenía una secreta admiración por la reina Victoria y por su país materno.



KAISER GUILLERMO II



Pero el principal problema de Guillermo II fué que nadie se atrevió a decirle la verdad. Cuando envió a su hermano a preguntarle a Jorge V con quién se posicionaría si Alemania y Austria declarasen la guerra a Francia y Rusia, su primo Jorge V le dijo que con Francia. Pero su hermano, temeroso de decepcionarle, le dijo que Gran Bretaña se mantendría neutral, algo que no sucedió.

Nicolás II fué el último zar de Rusia, aunque no se sentía preparado para gobernar. Antes de asumir el poder, su país era una de las principales potencias y lo dejó en la miseria social y económica. Fué la prematura muerte de su padre lo que le obligó a asumir el cargo. Convirtió su mandato en una autocracia, tal y como había hecho su padre, aunque Nicolás carecía de la personalidad de su progenitor.

No le gustaba tomar decisiones, lo que le convirtió en un ser manipulable, primero por sus tíos y luego por su esposa. Fué un tirano con su pueblo, lo que desencadenó la Revolución de Octubre,- 1917-, que le obligó a abdicar y acabó con la monarquía en Rusia.

Jorge V fué el único de los tres que siguió en el poder tras la guerra. Fué un monarca tan conservador que se llegó a decir que, con él, Gran Bretaña había regresado a los tiempos victorianos. Sentía auténtica aversión por el cambio y el progreso, al extremo que prohibió a su esposa seguir la moda. A diferencia de su padre, Eduardo VII, odiaba las relaciones internacionales y viajar al extranjero. Se piensa que era disléxico, trastorno desconocido entonces, y su dificultad para leer y escribir le amargó la vida.

Los tres primos pasaron la infancia rodeados por niñeras y enfermeras británicas. La primera lengua que aprendieron fué el inglés y fueron llamados por sus nombres originales: William, Nicholas y George. Ninguno de ellos había sido preparado para ser gobernante ni tenía talento para serlo. Nicolás y Jorge se llevaron muy bien desde la infancia, mientras que con Guillermo ninguno se llevaba.

Jorge y Nicolás eran hijos de dos hermanas, hijas del rey Christian IX de Dinamarca, y el parecido físico entre ellos resultaba sorprendente.



NICOLAS II Y JORGE V



Sólo coincidieron los tres juntos en dos reuniones familiares: La primera en 1889 y la segunda en 1913, cuando los tres primos ya estaban al mando de sus imperios en plena tensión en los Balcanes, un año antes que estallara la Gran Guerra,- Primera Guerra Mundial-. También se reunieron en la boda de la hija de Guillermo en Berlín. Su comportamiento durante la cena, con Nicolás y Jorge tratando de deshacerse de Guillermo para quedarse a solas y éste, celoso y desconfiado, interrumpiéndolos, era un vivo reflejo de lo que sucedía entre sus imperios.

El estallido de la Gran Guerra, que enfrentó a Alemania con Gran Bretaña y Rusia, también supuso la división de la familia. Las distintas dinastías tuvieron que posicionarse. ¡Los odios y las traiciones imperaron!

Tras la Revolución Rusa, antes del fín de la guerra, Jorge V negó asilo a su primo Nicolás, quien fué ejecutado junto a 11 miembros de su familia y algunos colaboradores unos días más tarde. Además Jorge cambió el nombre de la familia, Sajonia–Coburgo–Gotha, por el actual Windsor, para no ser relacionado con la depuesta dinastía alemana. La guerra trajo el fín de la Europa de las dinastías, haciendo añicos el sueño de la reina Victoria.

Es interesante destacar que, en el santoral ortodoxo ruso, el zar Nicolás II, la zarina, sus cuatro hijas duquesas y el zarevich, están incluidos como mártires santos.

Así, la tendencia del paso de las monarquías a las democracias solamente pudo ser frenada leve y temporalmente en su avance a un costo muy alto en millones de vidas humanas, pero al final,... acabaron cayendo. ¿Valió la pena?

Se puede decir que, la única realeza que “salvó” su cabeza es la británica, misma que debió conformarse con pasar a ser mero adorno, como lo dijera años después, Eduardo VIII, quien abdicara luego por el amor de la dos veces divorciada, la estadounidense Wallis Simpson.

El siglo XIX también ha sido testigo de otra tendencia ineluctable: Las guerras de independencia de las colonias europeas en América. Tendencia que no logró ser detenida, pese al balance militar favorable a España, Inglaterra, Francia y Portugal en menoscabo de sus “débiles” colonias. ¿Se pudo detener esta tendencia?

Desde el triunfo de la Revolución de Octubre, parece ser que la tendencia ha sido invariablemente hacia las revoluciones de corte izquierdista. El centro imperante se defendió fomentando la instauración de dictaduras miliares, pera tras unas décadas se optó por eliminar las mismas dictaduras en la América Latina, Africa y Asia, para instaurar temporalmente las democracias. Mientras los aliados del centro lograron detentar el poder por la vía democrática todo estuvo bien, pero estas democracias parecen haber entrado en crisis ante el avance por dicha vía legítima de las fuerzas de izquierda y, ahora se ha optado por dar paso a un nuevo tipo de golpes de estado “light”, sin el uso de las fuerzas armadas pero con el apoyo de éstas. ¡Algo hay que hacer, según la óptica de las derechas!

En la primera mitad del siglo XX hasta la Iglesia Católica también había optado por apoyar la “revolución izquierdista”, pero al prever el eventul triunfo del capitalismo de los Estados Unidos de América sobre el comunismo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, optó por apoyar a aquéllos eligiendo un Papa de corte tremendamente anticomunista. Pero,- acá el “pero”-, ahora ha sorprendido hace casi cinco años, colocando un Papa de corte relativamente izquierdista.

Parece ser que, en la actualidad, la humanidad se está decantando por una marcada tendencia izquierdista en los países pobres y tercermundistas. Por supuesto, el imperio del centro y las clases económicas poderosas ofrecen la acostumbrada resistencia al cambio.

¿Cuánto tiempo tardarán las fuerzas económicas y sociales en llegar a un nuevo punto de equilibrio?

¿Cuál será el desenlace de este reacomodamiento de fuerzas?



¡Saque el lector sus propias conclusiones!



José Roberto Campos hijo
DOM 28 ENE 18





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