Vistas a la página totales

domingo, 27 de marzo de 2016

CATILINA






LUCIO SERGIO CATILINA



Lucio Sergio Catilina,- 108 – al 62 a. C.-, fué un político romano de la época de las guerras civiles, quien procedía de una familia patricia pero económicamente arruinada. Militó en el partido popular o democrático, enfrentado al grupo oligárquico que representaba Cicerón.

Catilina fué propretor en Africa, pero fracasó al intentar elegirse cónsul. Por convicciones democráticas pasó a la lucha subversiva o,- como dijeron sus enemigos-, porque necesitaba del poder para cubrir sus deudas.

Es una figura de las más enigmáticas de la historia de Roma. Muchas de las peores acusaciones contra él, incluyendo sacrificios humanos, eran meras invenciones. Sin embargo, su conjuración es uno de los hechos más famosos y turbulentos de las últimas décadas de la república romana.

Con toda probabilidad, Catilina no estuvo involucrado en la que se daría en llamar la “Primera Conjuración de Catilina”. Sin embargo, en la llamada “Segunda Conjuración de Catilina”, su participación es inobjetable.

En ese momento, el entorno romano era el de una gran crisis económica, política y social.

La llamada “Conjuración de Catilina”, comenzó con un intento fallido de asesinar a los dos cónsules electos, al tiempo que fracasaba una nueva candidatura de Catilina al Consulado. Cicerón denunció a Catilina en el Senado pronunciando un famoso discurso en el que le interpelaba diciendo: Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?” (¿Hasta cuando, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?)

Privado de apoyo político, Catilina derivó hacia el populismo más exacerbado, y comenzó a reclutar un nutrido grupo de hombres de las clases senatoriales y ecuestres, así como criminales y la peble, descontentos tanto con la política del Senado como con la situación económica, política y social existente entonces.

Así, promoviendo una política de condonación de deudas,- populismo puro-, Catilina reunió a muchos bajo su bandera, junto con muchos veteranos. Envió hombres para liderar la conspiración en Etruria, donde consiguió reunir un ejército. Envió también a otros a tomar posiciones importantes a todo lo largo de la Península Itálica, e inició una pequeña revuelta de esclavos en Capua.

Mientras el malestar de la población se dejaba sentir por los campos romanos, Catilina hizo los preparativos finales para la conjura en Roma. Sus planes incluían los incendios y la matanza de senadores. La revolución habría de alcanzar finalmente la ciudad de Roma, donde la promesa de un programa social sostendría a Catilina como dictador o como cónsul.

Aunque los políticos populares estuvieron al corriente de la conjuración, permanecieron alejados de ella por considerar los planes demasiado radicales o difíciles de llevar a cabo. Cicerón tuvo, sin embargo, conocimiento de lo que se tramaba, logrando escapar de una muerte segura.

Poco después, Cicerón denunciaría a Catilina ante el senado en el primero de los discursos de las “Catilinarias”, pronunciando aquél en el que dijera la famosa frase: Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?” (¿Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia, Catilina?)

Catilina reaccionó de forma violenta asegurando que, si él se quemaba, lo haría en medio de la destrucción general. Inmediatamente después de esto, salió en dirección a su casa, mientras el Senado autorizaba a Cicerón a hacer uso del “senatus consultum ultimum”. Catilina huyó de Roma bajo el pretexto que se dirigía a un exilio voluntario a Masilia; sin embargo, se dirigió a buscar apoyo al campamento en Etruria.

En resumidas cuentas, Cicerón sofocó la conspiración, instruyendo delegados para obtener un provecho tangible de la revuelta. Cinco de los líderes conspiradores fueron ejecutados sin juicio en la prisión del Tuliano. ¡De esta forma se puso fin a la conjura en Roma!

Tras haber sido informado de la noticia sobre el desastre en Roma, Catilina,- declarado “hostis”-, y su poco equipado ejército iniciaron la marcha hacia la Galia, para luego volverse hacia Roma en varias ocasiones, en un vano intento de evitar el combate. Inevitablemente, Catilina se vió forzado a luchar, por lo que eligió enfrentarse al ejército de Antonio cerca de Pistoria,- actual Pistoia-.

El mismo Catilina luchó con bravura en la batalla, y una vez constatado que no existía esperanza de victoria, se lanzó contra el grueso del enemigo. En el recuento de los cadáveres, los soldados de Catilina tenían heridas frontales, y el cadáver de aquél se halló adelantado a sus propias líneas. Se le cortó la cabeza y ésta fué llevada a Roma, como prueba pública que el conspirador había muerto.

Se dice que Cicerón había estado siempre al tanto de las actividades de Catilina, pero,- en una forma indirecta-, alentaba las acciones de éste, buscanto la forma de sacar propio provecho del desorden que imperaba en la república de Roma.

Cicerón quiso ser reconocido como el salvador del Estado y Catón llamó a éste “pater pratiae”,- “padre de la patria”-, e intentó que los romanos no olvidaran nunca el modo en que actuó durante su consulado. Ahora éste y sus aliados tenían el camino allanado para alzarse eventualmente con el poder absoluto.

“!Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo!” (George Santayana)



¡Saque el lector sus propias conclusiones!



José Roberto Campos hijo
DOM 27 MAR 16



No hay comentarios.:

Publicar un comentario