Vistas a la página totales

domingo, 10 de mayo de 2026

Y... EL BLOQUEO CONTINENTAL

 


NAPOLEON BONAPARTE

 

“Hibris” –12 abril– y “La Armada Invencible” –3 mayo–, los dos anteriores artículos de este año, de este mismo blog, están concatenados con el actual. En secuencia cronológica se aborda la temática de un imperio –invasor militar y/o agresor económico–, que luego de sus infortunadas últimas aventuras militares y/o económicas, se encuentra en una inexorable e ineluctable franca decadencia tras haber sido víctima su líder de la hibris –hybris o hubris, soberbia, arrogancia, exceso extremo–, haciendo clara alusión a la Trampa de Tucídides descrita por Graham Allison y, de la que se ha expuesto antes.

 

*                    *                    *

 

El Bloqueo Continental, establecido por Napoleón el 21 de noviembre de 1806 a través del Decreto de Berlín, fue un embargo comercial –los embargos económicos y el Terrorismo Económico no son nada nuevos– a gran escala contra Gran Bretaña –Inglaterra para más facilidad– durante las Guerras Napoleónicas, prohibiendo a Europa el comercio con aquélla.

 

En ese momento la mayor parte de Europa estaba bajo influencia francesa así que se prohibió la entrada al continente de los productos ingleses. A decir verdad, este bloqueo fue represalia por el de la costa desde Brest hasta el Elba, decretado por Inglaterra en su Orden del Consejo del 16 de mayo de 1806.

 

En forma sucinta: el Bloqueo Continental acabó acarreando la ruina a Francia, aunque los grandes ganadores resultaron ser los contrabandistas, quienes a bordo de rápidas naves eludían las patrullas para descargar en puertos pequeños y playas desiertas.

 

Cuando en 1789 estalló la Revolución Francesa, los ingleses declararon la guerra a Francia y le impusieron un bloqueo comercial, cerrando los puertos con su armada y requisando en alta mar todos los productos destinados a los franceses. Francia respondió igual y esa guerra comercial llevó a la formación de una liga neutral liderada por Rusia, que protegió a los barcos mercantes hasta que la muerte del Zar Pablo I supuso su disolución.

 

La breve paz de Amiens entre ambas naciones, supuso la vuelta a la libre circulación de mercancías, pero cuando se reiniciaron las hostilidades en 1803, los ingleses de nuevo bloquearon los puertos franceses, agresión que Napoleón decidió devolver con la misma moneda con un bloqueo a nivel continental tras humillar en batalla a Austria, Prusia y Rusia. ¡Se sintió envalentonado!

 

Triunfante en tierra, el emperador francés veía impotente como Gran Bretaña se le resistía protegida por los cañones de la armada inglesa, de modo que decidió derrotarla económicamente obligando a todos los “aliados” europeos –vasallos– a cerrar sus mercados para los británicos. Napoleón en varias ocasiones había alegado no necesitar de sus aliados para someter a los británicos; sin embargo, llegado el momento exigía el apoyo de ellos para derrotarlos por cuanto el 40% de las exportaciones eran a tierra firme.

 

El corso pretendía arruinar a su enemigo, dejándolo sin los beneficios de su industria a la vez que enriquecía a Francia rebajando los impuestos dentro de las fronteras del imperio.

 

España, Austria y los otros reinos “aliados” de Napoleón se adhirieron al sistema, que al año siguiente pasó a incorporar a Rusia y Prusia tras concertar éstas la paz con Francia.

 

Gran Bretaña respondió ampliando su bloqueo a casi toda Europa, pero luego de haber perdido casi toda su flota francesa en Trafalgar, la prohibición francesa se limitó a los principales puertos del imperio, afirmando un miembro del parlamento que era como si Bonaparte hubiera “hablado de bloquear la luna”, pues las mercancías inglesas seguían entrando de contrabando.

 

Al principio, el bloqueo resultó un duro golpe para la economía inglesa, perdiéndose miles de empleos por la baja súbita de las exportaciones y arruinándose muchas empresas; situación empeorada en 1810 por un año de malas cosechas que provocó la subida del precio de los granos.

 

Para abrir mercados, los ingleses bombardearon Copenhagen en 1807, capturando la flota danesa y asegurando el paso libre por el Báltico a sus contrabandistas.

 

Como “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, los británicos supieron capear el temporal encontrando nuevos mercados en Sur América, apoyando la independencia de las colonias españolas, al tiempo que la armada inglesa barría los mares de buques de guerra imperiales para dar vía libre a los contrabandistas. Estas acertadas políticas lograron no solo restablecer, sino aumentar el comercio que pasó de 25 millones de libras en exportaciones en 1800 a 35 millones en 1814. ¡El imperio británico seguía en pujante expansión!

 

El bloqueo británico dejó a los europeos sin las materias primas para funcionar, tras cortar la llegada de algodón y azúcar procedente de América, obligando a muchas empresas a cerrar por falta de suministros. Por ejemplo, en Burdeos las refinerías de azúcar bajaron de 40 –antes de la revolución– a tan solo 8 en 1809; los talleres textiles de París quedaron reducidos a un tercio de los existentes antes del “genial” bloqueo francés.

 

La hybris de Napoleón había conducido a esta debacle y, en un momento dado, propuso a los británicos que las cosas regresaran al estado anterior al bloqueo –forma eufemística típica de un agresor para reconocer su fracaso–. Como los leones no pactan con los hombres, los ingleses no vieron ventaja alguna en regresar al estadio anterior. El corso había hecho un gran favor a Gran Bretaña y la había ayudado a consolidarse como el nuevo imperio dos siglos después del episodio de la Armada Invencible de España. ¡Napoleón se había disparado en el pié!

 

Peor fue el intento de Napoleón de cerrar Portugal para los aliados británicos de los lusitanos en 1808, mediante una invasión. Se requirió la entrada de tropas francesas en España y de la usurpación del trono español mediante las forzadas abdicaciones al trono de España en Bayona –Francia–, que condujeron luego a la larga y sangrienta Guerra de Independencia –española–, conflicto que cobraría la vida de unos 100,000 franceses –esa es otra historia–.

 

Al final, las malas cosechas de 1810 obligaron a Napoleón a recapacitar y al año siguiente se expidieron, mediante el decreto de Saint Cloud, licencias comerciales permitiendo a los ingleses enviar granos a los puertos de España y del sur de Francia –parecido a lo que sucede en algún lugar del mundo hoy en día, ¿no?–, y así combatir la hambruna y la subida de precios. Esto último, obligó al Zar Alejandro I a abandonar el Sistema Continental ante la ruina que causaba a Rusia el cese de las exportaciones de grano y madera.

 

Con esto, Rusia insultó a Napoleón quien lo consideró un desafío, pero su respuesta lo llevó al abismo. Al igual que había hecho con Portugal, decidió invadir a la desobediente Rusia en 1812 para imponer su sistema –víctima de su propia hybris–. Fue la mayor fuerza de invasión que había visto la historia. Todo acabó en la desastrosa campaña que finalizó en la destrucción de la Grande Armée –Gran Ejército– y de la primera abdicación de Bonaparte. Solamente 100,000 de los 600,000 soldados invasores regresaron.

 

En verdad, con el pasar del tiempo, los comerciantes ingleses se mostraron en verdad orondos, y en extremo agradecidos de la “genial” idea que tuvo el emperador francés con la imposición del Bloqueo Continental.

 

 

 

¡Saque el lector sus propias conclusiones!

 

 

 

José Roberto Campos hijo

DOM 10 MAY 26

¡Gracias por leer y compartir!

 

 



No hay comentarios.:

Publicar un comentario