NAPOLEON BONAPARTE
“Hibris”
–12 abril– y “La Armada Invencible” –3 mayo–, los dos anteriores artículos de
este año, de este mismo blog, están concatenados con el actual. En secuencia
cronológica se aborda la temática de un imperio –invasor militar y/o agresor
económico–, que luego de sus infortunadas últimas aventuras militares y/o
económicas, se encuentra en una inexorable e ineluctable franca decadencia tras
haber sido víctima su líder de la hibris –hybris o hubris, soberbia,
arrogancia, exceso extremo–, haciendo clara alusión a la Trampa de Tucídides descrita
por Graham Allison y, de la que se ha expuesto antes.
* * *
El
Bloqueo Continental, establecido por Napoleón el 21 de noviembre de 1806 a
través del Decreto de Berlín, fue un embargo comercial –los embargos económicos
y el Terrorismo Económico no son nada nuevos– a gran escala contra Gran Bretaña
–Inglaterra para más facilidad– durante las Guerras Napoleónicas, prohibiendo a
Europa el comercio con aquélla.
En ese momento la mayor parte de Europa estaba bajo
influencia francesa así que se prohibió la entrada al continente de los
productos ingleses. A decir verdad, este bloqueo fue represalia por el de la
costa desde Brest hasta el Elba, decretado por Inglaterra en su Orden del
Consejo del 16 de mayo de 1806.
En forma sucinta: el Bloqueo Continental acabó
acarreando la ruina a Francia, aunque los grandes ganadores resultaron ser los
contrabandistas, quienes a bordo de rápidas naves eludían las patrullas para
descargar en puertos pequeños y playas desiertas.
Cuando en 1789 estalló la Revolución Francesa, los ingleses
declararon la guerra a Francia y le impusieron un bloqueo comercial, cerrando
los puertos con su armada y requisando en alta mar todos los productos
destinados a los franceses. Francia respondió igual y esa guerra comercial llevó
a la formación de una liga neutral liderada por Rusia, que protegió a los
barcos mercantes hasta que la muerte del Zar Pablo I supuso su disolución.
La breve paz de Amiens entre ambas naciones, supuso la
vuelta a la libre circulación de mercancías, pero cuando se reiniciaron las
hostilidades en 1803, los ingleses de nuevo bloquearon los puertos franceses, agresión
que Napoleón decidió devolver con la misma moneda con un bloqueo a nivel
continental tras humillar en batalla a Austria, Prusia y Rusia. ¡Se sintió
envalentonado!
Triunfante en tierra, el emperador francés veía
impotente como Gran Bretaña se le resistía protegida por los cañones de la
armada inglesa, de modo que decidió derrotarla económicamente obligando a todos
los “aliados” europeos –vasallos– a cerrar sus mercados para los británicos.
Napoleón en varias ocasiones había alegado no necesitar de sus aliados para
someter a los británicos; sin embargo, llegado el momento exigía el apoyo de ellos
para derrotarlos por cuanto el 40% de las exportaciones eran a tierra firme.
El corso pretendía arruinar a su enemigo, dejándolo
sin los beneficios de su industria a la vez que enriquecía a Francia rebajando
los impuestos dentro de las fronteras del imperio.
España, Austria y los otros reinos “aliados” de
Napoleón se adhirieron al sistema, que al año siguiente pasó a incorporar a
Rusia y Prusia tras concertar éstas la paz con Francia.
Gran Bretaña respondió ampliando su bloqueo a casi
toda Europa, pero luego de haber perdido casi toda su flota francesa en
Trafalgar, la prohibición francesa se limitó a los principales puertos del imperio,
afirmando un miembro del parlamento que era como si Bonaparte hubiera “hablado
de bloquear la luna”, pues las mercancías inglesas seguían entrando de contrabando.
Al principio, el bloqueo resultó un duro golpe para la
economía inglesa, perdiéndose miles de empleos por la baja súbita de las
exportaciones y arruinándose muchas empresas; situación empeorada en 1810 por
un año de malas cosechas que provocó la subida del precio de los granos.
Para abrir mercados, los ingleses bombardearon
Copenhagen en 1807, capturando la flota danesa y asegurando el paso libre por
el Báltico a sus contrabandistas.
Como “el enemigo de mi enemigo es mi
amigo”, los británicos supieron capear el temporal encontrando nuevos mercados
en Sur América, apoyando la independencia de las colonias españolas, al tiempo
que la armada inglesa barría los mares de buques de guerra imperiales para dar
vía libre a los contrabandistas. Estas acertadas políticas lograron no solo
restablecer, sino aumentar el comercio que pasó de 25 millones de libras en
exportaciones en 1800 a 35 millones en 1814. ¡El imperio británico seguía en pujante
expansión!
El bloqueo británico dejó a los europeos sin las
materias primas para funcionar, tras cortar la llegada de algodón y azúcar
procedente de América, obligando a muchas empresas a cerrar por falta de
suministros. Por ejemplo, en Burdeos las refinerías de azúcar bajaron de 40
–antes de la revolución– a tan solo 8 en 1809; los talleres textiles de París
quedaron reducidos a un tercio de los existentes antes del “genial” bloqueo
francés.
La hybris de Napoleón había conducido a esta debacle
y, en un momento dado, propuso a los británicos que las cosas regresaran al
estado anterior al bloqueo –forma eufemística típica de un agresor para reconocer
su fracaso–. Como los leones no pactan con los hombres, los ingleses no vieron
ventaja alguna en regresar al estadio anterior. El corso había hecho un gran
favor a Gran Bretaña y la había ayudado a consolidarse como el nuevo imperio dos
siglos después del episodio de la Armada Invencible de España. ¡Napoleón se
había disparado en el pié!
Peor fue el intento de Napoleón de cerrar Portugal para
los aliados británicos de los lusitanos en 1808, mediante una invasión. Se
requirió la entrada de tropas francesas en España y de la usurpación del trono
español mediante las forzadas abdicaciones al trono de España en Bayona
–Francia–, que condujeron luego a la larga y sangrienta Guerra de Independencia
–española–, conflicto que cobraría la vida de unos 100,000 franceses –esa es
otra historia–.
Al final, las malas cosechas de 1810 obligaron a
Napoleón a recapacitar y al año siguiente se expidieron, mediante el decreto de
Saint Cloud, licencias comerciales permitiendo a los ingleses enviar granos a
los puertos de España y del sur de Francia –parecido a lo que sucede en algún
lugar del mundo hoy en día, ¿no?–, y así combatir la hambruna y la subida de
precios. Esto último, obligó al Zar Alejandro I a abandonar el Sistema
Continental ante la ruina que causaba a Rusia el cese de las exportaciones de
grano y madera.
Con esto, Rusia insultó a Napoleón quien lo consideró
un desafío, pero su respuesta lo llevó al abismo. Al igual que había hecho con
Portugal, decidió invadir a la desobediente Rusia en 1812 para imponer su
sistema –víctima de su propia hybris–. Fue la mayor fuerza de invasión que
había visto la historia. Todo acabó en la desastrosa campaña que finalizó en la
destrucción de la Grande Armée –Gran
Ejército– y de la primera abdicación de Bonaparte. Solamente 100,000 de los 600,000
soldados invasores regresaron.
En verdad, con el pasar del tiempo, los comerciantes
ingleses se mostraron en verdad orondos, y en extremo agradecidos de la
“genial” idea que tuvo el emperador francés con la imposición del Bloqueo
Continental.
¡Saque el lector sus propias conclusiones!
José Roberto Campos hijo
DOM 10 MAY 26
¡Gracias por leer y compartir!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario