HO CHI MINH
En el año de 1938, ALEMANIA anexó AUSTRIA –Anschluss– y luego CHECOSLOVAQUIA –primero los Sudetes y después las regiones de BOHEMIA y MORAVIA–. Hitler –der Führer, el Líder–, percibiendo que no había poder en el mundo capaz de poner un alto a su ambición, soberbia y deseo, hizo a un lado el Derecho Internacional y primó en él la voluntad de hacer grande a ALEMANIA de nuevo y devolver a ésta la gloria perdida –tal como lo había ofrecido y prometido a su pueblo en su campaña política–. Así, procedió el 1 de septiembre de 1939 a invadir POLONIA, dando inicio oficialmente la Segunda Guerra Mundial. La victoria fue rápida –unas cuantas semanas– gracias a la Blitzkrieg –Guerra Relámpago–. Militarmente hablando, este país invadido era un “enano” comparándolo con el invasor.
La embriaguez producida
con esta “gran victoria”, surtió asimismo los efectos de una gran inyección de
dosis de adrenalina en Hitler y continuó éste dando cuenta de países
militarmente débiles: DINAMARCA,
NORUEGA, BÉLGICA, HOLANDA, LUXEMBURGO, la “invencible e inexpugnable” FRANCIA –protegida con la famosa Línea
Maginot–, YUGOSLAVIA y GRECIA.
Hasta ese momento, Hitler
solamente había enfrentado poderíos militares débiles, aunque en honor a la
verdad, ALEMANIA era una gigantesca
y poderosa potencia militar gracias a que Hitler había logrado hacerla
resurgir; sin embargo –acá el “pero”– todo ello lo condujo a creer que era
invencible y a cometer el más grande error de su vida: se atrevió a invadir la UNIÓN DE REPÚBLICAS SOCIALISTAS SOVIÉTICAS
–URSS–, sin imaginar que ello lo conduciría a su total derrota. Al final,
esta “débil” república federal, colocó al invasor teutón un cencerro que jamás
podrá ser quitado de la historia.
En su momento, muchos de
sus generales aconsejaron a Hitler que no invadiera la URSS –la siempre repetitiva historia–; sin embargo, la soberbia y
la ira le fueron malas consejeras.
* * *
Ya
desde 1910, el enjuto e insignificante de físico, Nguyễn Sinh Cung –Ho Chi Minh–, había
comenzado a luchar por lograr la independencia de VIETNAM del yugo francés. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el 2
de septiembre de 1945, declaró él la independencia, dando comienzo a la guerra
para expulsar al invasor de dicho territorio.
En 1946, Ho Chi Minh dijo
a un líder militar francés: “Podrás matar
a 10 de mis hombres por cada uno que yo mate de los tuyos, pero incluso con
esas probabilidades, perderás y yo ganaré.”
Ho Chi Minh era un hombre estudioso
e idealista, que gustaba mucho de llevar estadísticas y ya se había percatado
que, por cada invasor caído, morían diez vietnamitas; sin embargo, los
invasores no tomaron en cuenta la tenacidad del pueblo oriundo.
Al final, se calcula que en
los 30 años de la campaña militar para liberar definitivamente al país en 1975,
entre 1 millón y 3 millones de vietnamitas –militares y civiles– perdieron la
vida. De los últimos invasores, perdieron la vida unos 58 mil. Esto es, unos 17
a 51 vietnamitas caídos por cada invasor muerto. Los números de Ho Chi Minh
habían sido en verdad muy conservadores y optimistas; pero en algo no se
equivocó: ¡VIETNAM ganó derrotando a
los invasores quienes en una forma humillante huyeron despavoridos!
Así, la historia demostró
–una vez más– que, no se trata de tener las más modernas y poderosas armas,
sino de la voluntad y tácticas de combate adecuadas. Si esto no fuera así, no
hubieran triunfado las guerras de independencia de colonias inglesas y
españolas –por citar un par de ejemplos– alrededor del mundo.
Por otra parte, si se
revisa la historia, el slogan que se ha venido vendiendo para promocionar la
guerra, es que, es necesario tomar las armas para “defender la democracia y la
libertad”. Entonces, según lo anterior, no es por ambiciones políticas, geográficas
ni de recursos, es solamente por un sentimiento humano solidario de libertad y
democracia –¡¿?! –.
En el caso de VIETNAM, la “altruista intención de occidente”
era detener el avance del comunismo en ASIA,
para así lograr la defensa de la democracia y la libertad, y enseñar a vivir a
los vietnamitas en la forma que occidente promocionaba. De todo, fue necesario
asesinar una inmensa cantidad de personas para que al final ellos vivieran en
la forma que era su deseo.
Si la memoria no falla, salir
del conflicto de VIETNAM resultó en
extremo difícil. Entrar había sido harto sencillo, pero no se encontraba la
forma de abandonar dicho campo de batalla por parte del invasor; sin embargo,
ahora todo es historia –sí, repetitiva historia–.
Hay una frase popular muy
famosa que tiene muchas variables: “El valiente vive hasta que el cobarde
quiere.”
Así, el poder del abusador –matón–, depende a fin de cuentas
de la sumisión de quien lo padece. Una vez la víctima decide dejar de temer y
actuar, el dominio del agresor termina.
Ho Chi Minh no alcanzó a
ver la victoria de VIETNAM pues
murió 6 años antes, pero… triunfó.
* * *
Tras la Guerra del Golfo en 1991, el dictador iraquí Saddam
Hussein, organizó una serie de desfiles para presentar la derrota y retirada de
KUWAIT como una “victoria” sobre la
coalición internacional. De esta forma, buscaba él consolidar su poder interno,
demostrar control tras la campaña de bombardeos aliados y no aceptar
públicamente que IRAQ había sido
derrotado y forzado a retirarse.
La Operación Tormenta del Desierto
–iniciada el 17 de enero de 1991– logró la expulsión de las fuerzas iraquíes de
KUWAIT en solo 100 horas
de ofensiva terrestre. Lo que Hussein dijo que sería “La madre de todas las
batallas”, terminó siendo “La madre de todas las retiradas”.
Este no es un caso aislado en el
mundo: hay líderes que se repiten a si mismos y a sus seguidores –hasta la
saciedad– que han ganado la guerra aún y cuando la derrota –o la no victoria– y
humillación son de todos conocidas.
Acude a la mente la historia de “El
traje nuevo del emperador” –“El rey desnudo”–, aquel simpático cuento de Hans
Christian Andersen –1837–:
Una historia sobre un rey megalómano,
soberbio y vanidoso engañado por un par de estafadores que le venden un “traje
invisible” que solamente no puede ser visto por los tontos y por quienes no son
aptos para los puestos públicos que ocupan. Por miedo a parecer estúpido, el
rey y su corte fingen ver el traje, hasta que un niño –en público– grita la
verdad: “¡El rey está desnudo!”
Así, en la historia, el rey se percata finalmente que está
desnudo y que ha sido engañado. En la actualidad, en el mundo real: “El rey
está desnudo y él lo sabe.”
Y es que: “Se puede engañar a algunos todo
el tiempo. Se puede engañar a todos algún tiempo. Pero, no se puede engañar a
todos todo el tiempo.” (Abraham Lincoln)
* * *
A continuación, se
transcribe una fábula en extremo famosa y que encierra un gran mensaje para
este tiempo que se vive:
“LA ZORRA Y LAS UVAS
(Fábula)
En un día muy caluroso, una zorra sedienta se topó con un racimo de uvas
grandes y jugosas que colgaban en lo alto de una parra. La zorra se paró de
puntillas y estiró sus brazos intentando alcanzar las uvas, pero éstas se encontraban
fuera de su alcance.
Sin querer darse por vencida, la zorra tomó impulso y saltó con todas sus
fuerzas una y otra vez, pero las uvas seguían inalcanzables. Finalmente, la
zorra se sentó a mirar las uvas con un mal simulado gesto de desagrado.
– ¡Qué ilusa he sido! –dijo en voz alta platicando sola–. ¡Me he esforzado
en alcanzar unas uvas verdes que no saben bien!
Y se marchó muy, pero muy enojada.”
¡Saque el lector sus propias conclusiones!
José Roberto Campos hijo
DOM 29 MAR 26
¡Gracias por leer y compartir!




