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domingo, 12 de abril de 2026

HIBRIS

 


INVASION ATENIENSE A SICILIA

 

Recién cobra relevancia un concepto definido hasta hace unos cuantos años: “Terrorismo Económico –TE– o Terrorismo Financiero –TF–.”

 

Mientras la guerra económica es llevada a cabo por estados contra estados, el TE es perpetrado por actores transnacionales –estatales o no–. Ello implica acciones que buscan desestabilizar en formas diversas, coordinadas y sofisticadas –incluso masivas–, para llevar inestabilidad económica y financiera a un estado, grupo de estados o una sociedad –rivales– por motivos ideológicos o religiosos. Ejemplos de fácil comprensión: bloqueos y embargos económicos contra países, amenazas contra los que contravengan dichos bloqueos y embargos, aranceles desproporcionados, congelamiento de activos, cierres de vías de comercio y otros por el estilo.

 

Por supuesto, quien recurre al TE lo justifica de diversas formas: lucha por la democracia, por la libertad, defensa propia, etc. Así, mientras lo aplica el bando propio debe ser considerado legítimo mas, si lo aplica el rival, entonces sí debe ser considerado como mero y procaz TF.

 

Es harto sencillo rasgarse las vestiduras en señal de indignación por los “abusos” cometidos por otro, haciendo a un lado todo el propio atropello en perjuicio de los demás débiles que han debido soportar históricamente los exabruptos y expoliación a manos del poderoso.

 

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En anteriores escritos se ha citado a Tucídides –c. 460–400 a.C.– quien fue un historiador y estratega militar ateniense, autor de la Historia de la Guerra del Peloponeso. Considerado el fundador de la historiografía científica, eliminó la intervención divina en sus relatos, enfocándose en la causalidad humana y política.


Fue elegido estratego –general– en el 424 a.C. durante la Guerra del Peloponeso. Debido a la pérdida de la ciudad de Anfípolis frente a los espartanos, fue condenado al exilio durante veinte años. Este tiempo le permitió observar el conflicto desde la perspectiva de ambos bandos.

 

En su obra, analiza el conflicto entre Atenas y Esparta, destacando las causas profundas como el temor al imperialismo ateniense. Es pionero en la búsqueda de la verdad histórica y el análisis de la Realpolitik –Lógica del Poder–.

 

En honor a este ateniense, el autor Graham Allison creó una teoría de relaciones internacionales, llamada la Trampa de Tucídides, que describe el peligro de guerra cuando una potencia emergente desafía a una dominante. Sugiere que el temor de la potencia ya establecida contra el ascenso de la nueva, tiende a provocar conflictos, un patrón visto en 12 de 16 casos históricos analizados.

 

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“La historia no se repite, pero rima mucho”, es una frase atribuida a Mark Twain, misma que indica que, los eventos históricos no ocurren exactamente igual dos veces pero sí muestran patrones, tendencias y estructuras similares debido a la naturaleza humana y comportamientos sociales recurrentes. Es una espiral donde el contexto cambia, pero la esencia subyacente perdura.

 

Años después, el filósofo George Santayana dijo que, “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, que fue luego transformada a “aquellos que no conocen la historia están condenados a repetirla”.

 

A modo propio de ver, la historia siempre –siempre– se repite, sea o no conocida.



EXPEDICION A SICILIA


Un ejemplo muy similar a la actualidad:

 

Atenas invadió Sicilia entre el 415 y el 413 a.C., en una campaña conocida como la Expedición a Sicilia. Liderada inicialmente por Alcibíades, Nicias y Lámaco, la expedición buscaba conquistar Siracusa y expandir el imperio. Inicialmente se dio un éxito parcial, pero terminó en un desastre total que marcó el inicio del fin para Atenas. Los generales de las fuerzas invasoras tenían escaso conocimiento de la geografía y de la población local, razón por la cual las fuerzas atenienses resultaron inadecuadas. Atenas respondió –¿en forma altruista?– a una petición de ayuda de sus aliados en Sicilia –Segesta– contra Siracusa, pero la verdadera intención era conquistar la isla. ¡No hay almuerzo gratis!

 

Se envió una flota inmensa de más de 100 trirremes y 5,000 soldados. Luego, a pesar de algunos triunfos iniciales y de sitiar Siracusa, los atenienses pidieron auxilio a los cartagineses y a los etruscos –aliados– pero –sucintamente– la falta de unidad en el mando y la llegada de ayuda espartana acabaron por cambiar el rumbo de la guerra.

 

Al final –413 a.C– las fuerzas atenienses fueron derrotadas, sus naves destruidas y sus soldados capturados o ejecutados. Así, se perdió la flota y el ejército, lo cual debilitó gravemente a Atenas, provocando una crisis interna y contribuyendo a su rendición final ante Esparta.

 

Por supuesto, inicialmente se vendió la historia que las cosas estaban marchando de lo mejor para Atenas, pero ya en los últimos días, Nicias debió sincerarse debiendo pedir refuerzos.



NICIAS

 

Esta campaña es famosa por la descripción detallada que hizo Tucídides, destacando cómo la arrogancia imperial –hibris, hybris o hubris, concepto griego antiguo que denota desmesura, soberbia, arrogancia y orgullo extremo– llevó al imperio a una derrota catastrófica.

 

Históricamente, casi todos los gobernantes que adolecen de la hibris, acaban por llevar a su nación a la ruina. ¡Cómo muestra la siempre repetitiva historia, el puerto final de llegada al que conduce la soberbia de los iracundos e irreflexivos gobernantes!

 

Una historia hace comprender las argucias con las que los atenienses –invasores– pretendieron engañar a sus enemigos en la campaña citada: la fábula del escorpión y la rana cuenta cómo aquél pide a ésta que lo cruce un río, prometiendo no picarla. A mitad del camino, el escorpión pica a la rana, condenando a ambos a un inexorable e ineluctable desenlace fatal, argumentando el arácnido antes de morir: “No puedo evitarlo, es mi naturaleza.”

 

¡Parece ser que, los gobernantes que adolecen de la hibris, no cambian nunca su naturaleza destructiva!

 

 

 

¡Saque el lector sus propias conclusiones!

 

                                             

 

José Roberto Campos hijo

DOM 12 ABR 26

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domingo, 29 de marzo de 2026

APUNTES SOLAMENTE PARA CAVILAR

 


HO CHI MINH


En el año de 1938, ALEMANIA anexó AUSTRIA –Anschluss– y luego CHECOSLOVAQUIA –primero los Sudetes y después las regiones de BOHEMIA y MORAVIA–. Hitler –der Führer, el Líder–, percibiendo que no había poder en el mundo capaz de poner un alto a su ambición, soberbia y deseo, hizo a un lado el Derecho Internacional y primó en él la voluntad de hacer grande a ALEMANIA de nuevo y devolver a ésta la gloria perdida –tal como lo había ofrecido y prometido a su pueblo en su campaña política–. Así, procedió el 1 de septiembre de 1939 a invadir POLONIA, dando inicio oficialmente la Segunda Guerra Mundial. La victoria fue rápida –unas cuantas semanas– gracias a la Blitzkrieg –Guerra Relámpago–. Militarmente hablando, este país invadido era un “enano” comparándolo con el invasor.

 

La embriaguez producida con esta “gran victoria”, surtió asimismo los efectos de una gran inyección de dosis de adrenalina en Hitler y continuó éste dando cuenta de países militarmente débiles: DINAMARCA, NORUEGA, BÉLGICA, HOLANDA, LUXEMBURGO, la “invencible e inexpugnable” FRANCIA –protegida con la famosa Línea Maginot–, YUGOSLAVIA y GRECIA.

 

Hasta ese momento, Hitler solamente había enfrentado poderíos militares débiles, aunque en honor a la verdad, ALEMANIA era una gigantesca y poderosa potencia militar gracias a que Hitler había logrado hacerla resurgir; sin embargo –acá el “pero”– todo ello lo condujo a creer que era invencible y a cometer el más grande error de su vida: se atrevió a invadir la UNIÓN DE REPÚBLICAS SOCIALISTAS SOVIÉTICAS –URSS–, sin imaginar que ello lo conduciría a su total derrota. Al final, esta “débil” república federal, colocó al invasor teutón un cencerro que jamás podrá ser quitado de la historia.

 

En su momento, muchos de sus generales aconsejaron a Hitler que no invadiera la URSS –la siempre repetitiva historia–; sin embargo, la soberbia y la ira le fueron malas consejeras.

 

*                    *                    *

 

Ya desde 1910, el enjuto e insignificante de físico, Nguyễn Sinh Cung –Ho Chi Minh–, había comenzado a luchar por lograr la independencia de VIETNAM del yugo francés. Luego de la Segunda Guerra Mundial, el 2 de septiembre de 1945, declaró él la independencia, dando comienzo a la guerra para expulsar al invasor de dicho territorio.

 

En 1946, Ho Chi Minh dijo a un líder militar francés: “Podrás matar a 10 de mis hombres por cada uno que yo mate de los tuyos, pero incluso con esas probabilidades, perderás y yo ganaré.”

 

Ho Chi Minh era un hombre estudioso e idealista, que gustaba mucho de llevar estadísticas y ya se había percatado que, por cada invasor caído, morían diez vietnamitas; sin embargo, los invasores no tomaron en cuenta la tenacidad del pueblo oriundo.

 

Al final, se calcula que en los 30 años de la campaña militar para liberar definitivamente al país en 1975, entre 1 millón y 3 millones de vietnamitas –militares y civiles– perdieron la vida. De los últimos invasores, perdieron la vida unos 58 mil. Esto es, unos 17 a 51 vietnamitas caídos por cada invasor muerto. Los números de Ho Chi Minh habían sido en verdad muy conservadores y optimistas; pero en algo no se equivocó: ¡VIETNAM ganó derrotando a los invasores quienes en una forma humillante huyeron despavoridos!

 

Así, la historia demostró –una vez más– que, no se trata de tener las más modernas y poderosas armas, sino de la voluntad y tácticas de combate adecuadas. Si esto no fuera así, no hubieran triunfado las guerras de independencia de colonias inglesas y españolas –por citar un par de ejemplos– alrededor del mundo.

 

Por otra parte, si se revisa la historia, el slogan que se ha venido vendiendo para promocionar la guerra, es que, es necesario tomar las armas para “defender la democracia y la libertad”. Entonces, según lo anterior, no es por ambiciones políticas, geográficas ni de recursos, es solamente por un sentimiento humano solidario de libertad y democracia –¡¿?! –.

 

En el caso de VIETNAM, la “altruista intención de occidente” era detener el avance del comunismo en ASIA, para así lograr la defensa de la democracia y la libertad, y enseñar a vivir a los vietnamitas en la forma que occidente promocionaba. De todo, fue necesario asesinar una inmensa cantidad de personas para que al final ellos vivieran en la forma que era su deseo.

 

Si la memoria no falla, salir del conflicto de VIETNAM resultó en extremo difícil. Entrar había sido harto sencillo, pero no se encontraba la forma de abandonar dicho campo de batalla por parte del invasor; sin embargo, ahora todo es historia –sí, repetitiva historia–.

 

Hay una frase popular muy famosa que tiene muchas variables: “El valiente vive hasta que el cobarde quiere.”

 

Así, el poder del abusador –matón–, depende a fin de cuentas de la sumisión de quien lo padece. Una vez la víctima decide dejar de temer y actuar, el dominio del agresor termina.

 

Ho Chi Minh no alcanzó a ver la victoria de VIETNAM pues murió 6 años antes, pero… triunfó.

 

*                    *                    *

 

Tras la Guerra del Golfo en 1991, el dictador iraquí Saddam Hussein, organizó una serie de desfiles para presentar la derrota y retirada de KUWAIT como una “victoria” sobre la coalición internacional. De esta forma, buscaba él consolidar su poder interno, demostrar control tras la campaña de bombardeos aliados y no aceptar públicamente que IRAQ había sido derrotado y forzado a retirarse.

 

La Operación Tormenta del Desierto –iniciada el 17 de enero de 1991– logró la expulsión de las fuerzas iraquíes de KUWAIT en solo 100 horas de ofensiva terrestre. Lo que Hussein dijo que sería “La madre de todas las batallas”, terminó siendo “La madre de todas las retiradas”.

 

Este no es un caso aislado en el mundo: hay líderes que se repiten a si mismos y a sus seguidores –hasta la saciedad– que han ganado la guerra aún y cuando la derrota –o la no victoria– y humillación son de todos conocidas.

 

Acude a la mente la historia de “El traje nuevo del emperador” –“El rey desnudo”–, aquel simpático cuento de Hans Christian Andersen –1837–:

 

Una historia sobre un rey megalómano, soberbio y vanidoso engañado por un par de estafadores que le venden un “traje invisible” que solamente no puede ser visto por los tontos y por quienes no son aptos para los puestos públicos que ocupan. Por miedo a parecer estúpido, el rey y su corte fingen ver el traje, hasta que un niño –en público– grita la verdad: “¡El rey está desnudo!”

 

Así, en la historia, el rey se percata finalmente que está desnudo y que ha sido engañado. En la actualidad, en el mundo real: “El rey está desnudo y él lo sabe.”

 

Y es que: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo. Se puede engañar a todos algún tiempo. Pero, no se puede engañar a todos todo el tiempo.” (Abraham Lincoln)

 

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A continuación, se transcribe una fábula en extremo famosa y que encierra un gran mensaje para este tiempo que se vive:

 

“LA ZORRA Y LAS UVAS

(Fábula)

 

En un día muy caluroso, una zorra sedienta se topó con un racimo de uvas grandes y jugosas que colgaban en lo alto de una parra. La zorra se paró de puntillas y estiró sus brazos intentando alcanzar las uvas, pero éstas se encontraban fuera de su alcance.

 

Sin querer darse por vencida, la zorra tomó impulso y saltó con todas sus fuerzas una y otra vez, pero las uvas seguían inalcanzables. Finalmente, la zorra se sentó a mirar las uvas con un mal simulado gesto de desagrado.

 

– ¡Qué ilusa he sido! –dijo en voz alta platicando sola–. ¡Me he esforzado en alcanzar unas uvas verdes que no saben bien!

 

Y se marchó muy, pero muy enojada.”

 

 

 

¡Saque el lector sus propias conclusiones!

 

 

 

José Roberto Campos hijo

DOM 29 MAR 26

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domingo, 8 de marzo de 2026

MASACRE EN ESCUELA DE NIÑAS

 


SEPELIO MASIVO EN IRÁN


Ha sido ayer –forma metafórica– que recién ha acontecido el Genocidio, Holocausto y Masacre de Gaza contra el pueblo palestino: al momento se estima en más de 72 mil los gazatíes asesinados; esto es, el 3.5% de la población palestina de la zona. ¿Y EUROPA? Ha volteado a ver hacia otro lado, simulando que ha sido un acontecimiento que sucedió de noche.

 

Hoy en día ha aparecido alguien por ahí quien se regodea, preconiza y se lanza flores, alegando que el Derecho Internacional ya no existe y que puede hacer todo lo que desee.

 

Así como ALEMANIA ha quedado manchada para siempre por el Holocausto cometido contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial –algo execrable y que no tiene justificación alguna–, hoy que recién ha comenzado la campaña militar contra IRÁN, se ha cometido una masacre que ha dejado una sempiterna mácula indeleble en el rostro e imagen de los hechores, así como abundante sangre en las manos de ellos: el pasado día sábado 28 de febrero de este año, un misil ha caído sobre una escuela de niñas en Teherán, causando la muerte de al menos 168 personas –casi todas niñas–. Gracias a los ojos de los satélites que hoy todo lo ven desde el cielo, se ha podido constatar múltiples ataques y marcas de quemaduras alrededor de esa escuela primaria de nombre Shajareh Tayebeh en Minab, todo lo cual ha sido corroborado por la BBC de Londres y hasta por CNN. Esas imágenes también muestran que la zona fue “impactada por múltiples ataques simultáneos o casi simultáneos”, como lo afirma el experto en municiones N. R. Jenzen Jones.

 

En los vídeos y fotografías, realizadas por diversos medios informativos –incluidos occidentales– en momentos inmediatamente posteriores a los ataques, se muestran escenas de pánico, con familias gritando mientras la gente busca víctimas entre los escombros. Hasta se ve a través de la cámara, mochilas y libros de las menores de edad. Tres días después, imágenes aéreas muestran filas ordenadas de al menos 100 tumbas marcadas o recién cavadas.

 

Cuando la FEDERACIÓN RUSA inició su OPERACIÓN MILITAR ESPECIAL contra UCRANIA hace cuatro años, EUROPA se puso de pié y gritó que ello violaba el Derecho Internacional. Sí, la misma EUROPA que ha avalado el Genocidio, Holocausto y Masacre de Gaza y que ahora finge que no se da cuenta de este crimen de lesa humanidad en contra de las niñas de la escuela en IRÁN. Aunque –en honor a la verdad– solo ESPAÑA ha mostrado públicamente su desacuerdo –algo es algo– en esta última ocasión.

 

Recordando el diálogo entre Tom Hagen –Consigliere de la Familia Corleone– en la obra “El Padrino” de Mario Puzo, al momento de discutir sobre la venganza que planea Santino “Sonny” Corleone por el atentado contra su padre, aquél intenta tranquilizarlo y le dice que, no olvide que “esto es un negocio, nada personal y que, incluso el atentado contra Don Vito ha sido tan solo negocio y que si lleva a cabo esa vendetta, se ganará la fama de matón y asesino” –palabras más, palabras menos–. De esta forma, Mario Puzo muestra que, aún los mafiosos tienen un “código de honor” que debe ser respetado y que les marca un límite en sus crímenes.

 

La verdad es que si el Derecho Internacional ya no existe, no será difícil encontrar justificación para la masacre en la escuela de niñas en IRÁN.

 

 

 

¡Saque el lector sus propias conclusiones!

 

 

 

José Roberto Campos hijo

DOM 08 MAR 26

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domingo, 11 de enero de 2026

PERSONAJES MALDITOS DE LA HISTORIA

 


LUIS XIV

EL REY SOL

 

Algo que no se remarcó en el último escrito del 28 de diciembre del año recién pasado es que, en su delirante y megalómana soberbia, Adolf Hitler proclamó que el Drittes Reich –Tercer Imperio o Tercer Reich– estaba llamado a durar más de mil años. Creía él tanto en ello que hasta encomendó a Berthold Konrad Hermann Albert Speer​​ –Albert Speer o el Arquitecto del Diablo– el diseño de la capital imperial: una nueva Berlín que sobrepasase por mucho a la antigua Roma y que fuera la envidia del mundo entero y reflejara la recién recuperada nueva grandeza de Alemania.

 

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Se atribuye al Rey Sol –Luis XIV de Francia– la famosa frase L'Etat c'est moi –El Estado soy yo– con la cual resumió también su megalomanía y soberbia, dando a entender que se debía hacer todo lo que él dijese y que para su poder no había más límite que su imaginación y voluntad. Nadie y ninguna institución podían tampoco oponerse a su voluntad. Esto era un mero fiel reflejo de su absolutismo monárquico engrandecido luego de sofocar las revueltas de la Fronda –éxito militar magnificado–, indicando que su autoridad estaba sobre cualesquiera otra, incluso por encima de la del Parlamento. Parece que tal frase fue proferida el 13 de abril de 1655 cuando contaba con apenas 16 años de edad en un momento de gran tensión con el Parlamento. ¡Quedaba claro que no existía derecho valedero alguno más que la voluntad del monarca!

 

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Luego, Luis XV de Francia dejó a la posteridad otra famosa frase: Après moi, le déluge –Después de mí, el diluvio–, aunque tal frase también es atribuida a su amante, Madame de Pompadour: Après nous, le déluge –Después de nosotros el diluvio–. Como sea, el monarca expresó una egoísta indiferencia ante las consecuencias futuras o el caos que podía ocurrir después de su reinado, presagiando la inestabilidad que llevaría a la Revolución Francesa. ¡La caída del imperio!

 

Esta frase es un fiel reflejo de una visión y actitud cortoplacista y nihilista, mostrando una falta de responsabilidad hacia el futuro que sobrevendrá luego de la vida propia, principalmente lo relacionado con la política. ¡Una negligencia imperdonable!

 

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Dos frases fuertes a ser tomadas en cuenta en estos días:

 

Nescire autem quid ante quam natus sis acciderit, id est semper esse puerum –Ignorar lo que pasó antes de que nacieras, eso es ser siempre un niño–. Frase atribuida a Cicerón, aunque otros la adjudican a Brutus. ¡La historia siempre se repite!

 

Y…

 

Prosperum ac felix scelus virtus vocatur –Al delito que acarreó prosperidad y fortuna se le llama virtud–, frase atribuida a Séneca. Tristemente, muchos ven grandeza en el crimen si el mismo acarrea “gloria” y “riqueza”.

 

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El negocio del petróleo es ciento por ciento contaminante –desde el punto de vista que se le vea–, pero un buen día, los expertos en mercadeo de esta industria se percataron que el público los percibía como lo que realmente eran –contaminadores del medio ambiente– por lo cual encomendaron a los publicistas una estrategia para que el público ya nos los considerara así y lograran aún mayores ganancias. ¡Las energías verdes eran una amenaza!

 

De esta forma, en la última década del siglo pasado y primera del presente, la imagen de las gasolineras como un lugar sucio, lleno de grasa y aceite, foco de malos olores y contaminación, fue lanzada a un lado y aparecieron las tiendas de conveniencia en las estaciones de servicio.

 

Así, un negocio altamente contaminante, se percibió como uno limpio y en el cual todos podían detenerse incluso a tomar café con algún bocadillo y hacer compras de impulso. ¡Lo demás es historia!

 

Los creadores de imagen, habían transformado la percepción del negocio del petróleo y de las gasolineras mediante un lavado de imagen, creando un negocio paralelo que reditúa marginales mayores beneficios a las petroleras.

 

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Gracias a un excelente lavado de imagen, el mundo se regocija –con justa razón– por la liberación de presos políticos en Venezuela y Nicaragua, lo cual es en verdad realmente bueno. Pero, ¿cuáles serán los verdaderos costos?

 

 

 

¡Saque el lector sus propias conclusiones!

 

 

 

José Roberto Campos hijo

DOM 11 ENE 26

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domingo, 28 de diciembre de 2025

APUNTES SOBRE UN IMPERIO RECIENTE

 


ADOLF HITLER CUANDO NIÑO


Al frente del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán –NSDAP, por sus siglas en alemán y conocido como Partido Nazi– el 30 de enero de 1933 fue designado Adolf Hitler como canciller de Alemania. Éste, guiado por ideas racistas y autoritarias, abolió las libertades básicas. El Drittes Reich –Tercer Imperio o Tercer Reich– implantado por él, se volvió un estado policial, en el que las personas podían ser sometidas arbitrariamente al arresto y al encarcelamiento. ¡El disenso y la oposición no eran aceptados!

 

Hitler en sus primeros meses comenzó una política de sincronización forzando a las organizaciones, partidos políticos y gobiernos estatales a alinearse con los objetivos nazis y a colocarse bajo el dominio del partido. La cultura, la economía, la educación y la ley quedaron bajo absoluto control.

 

A mediados de julio de 1933, el NSDAP era el único partido político permitido en Alemania. La voluntad del Führer –Líder, como se hacía llamar Hitler– se convirtió en la base de la política de gobierno. ¡Hitler era amo y señor del Tercer Reich!

 

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La participación de Alemania en la Gran Guerra –Primera Guerra Mundial– fue motivada por un sistema de alianzas –apoyo a Austria-Hungría–, el deseo de expansión imperialista y económica, y el temor al cerco por parte de la Triple Entente.

 

El asesinato del archiduque heredero del Imperio Austro–Húngaro, Francisco Fernando, en Sarajevo en 1914, fue el detonante que llevó a Alemania a activar su maquinaria militar en apoyo a este aliado contra Serbia, lo que escaló el conflicto con Rusia y Francia. Pero, ¡esa es otra historia!

 

La guerra fue un desastre para Alemania y luego de su derrota se le impuso onerosas reparaciones de guerra establecidas en el Tratado de Versalles de 1919. Esas severas condiciones económicas, sumadas a la pérdida de territorios, desmilitarización y la cláusula de “Culpa de la Guerra”, paralizaron la economía alemana y fomentaron inestabilidad política.

 

Alemania no logró cumplir con los pagos, y dentro de un contexto de hiperinflación en 1923, el Ruhr –Alemania– fue ocupado por Francia y Bélgica –cobro forzoso vía carbón y hierro– empeorando la situación económica alemana.

 

Al hacerse con el poder, Hitler suspendió los pagos en 1933. Ya en su campaña política se había encargado de endulzar el oído del pueblo alemán, diciendo a éste lo que quería oír: “haría grande de nuevo a Alemania” y “devolvería la gloria a Alemania”.

 

Según Hitler, los responsables de los males de Alemania eran los vencedores de la Primera Guerra Mundial y la población judía alemana –misma que ostentaba un gran poder económico–. Lo malo que acontecía en Alemania era culpa de los enemigos externos y… de los judíos. Así, responsabilizó a un grupo étnico extranjero de los males propios y… ¡el pueblo alemán lo creyó!

 

Por supuesto, ese grupo étnico debía ser expulsado del territorio nacional por ser el causante de los males de Alemania. Entonces, mediante la promulgación de las Leyes de Núremberg en 1935, se quitó la ciudadanía alemana a los judíos y por su nuevo status de inmigrantes ilegales, debían ser expulsados de inmediato. De esa forma, se coadyuvó en la recuperación del honor y orgullo del país. ¡Se estaba haciendo grande a Alemania de nuevo!

 

Curiosamente, Hitler era un inmigrante por haber nacido en Braunau am Inn, Austria–Hungría, en 1889, aunque de etnia alemana. Además, se dice que su sangre no era totalmente aria –superior– pues había entre sus ancestros una mácula judía –¿leyenda urbana para dar más morbo a la historia?–.

 

Hitler se trasladó a Viena y luego, en 1913, a Múnich, Alemania, donde se enlistó en el ejército. Obtuvo la ciudadanía alemana hasta 1932, poco antes de convertirse en Canciller. ¡Nadie es profeta en su tierra!

 

Otra curiosidad es que Hitler se mudó a Alemania para evitar el servicio militar en el ejército austrohúngaro y por considerar a Alemania su verdadera patria. Luego luchó en la Gran Guerra con el ejército bávaro.

 

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El 1º de septiembre de 1939 da inicio la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia por parte de Alemania. Este ataque causó que dos días después Gran Bretaña y Francia declararan la guerra a Alemania, extendiendo el conflicto a nivel mundial, con una duración de seis años hasta 1945.

 

En honor a la verdad, puede decirse que la Wehrmacht –ejército alemán– era en sus inicios un ejército profesional y honorable, respetuoso de las leyes, normas y reglas de la guerra. En esos días, para todo alemán era un gran honor ser considerado para la leva o conscripción.

 

Sin embargo, en un proceso gradual pero sistemático y constante –por la línea de pensamiento de Hitler– ese ejército profesional y honorable se fue convirtiendo y tornando por sus actos en un grupo de auténticos vándalos, forajidos y criminales que se apropiaba de los recursos y riquezas de los países invadidos por la fuerza.

 

El punto más álgido de esta conversión llega en 1941 con la invasión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas –URSS– en la llamada Operación Barbarroja. Se da la orden de destruir la población, cultura y estructura social del pueblo soviético mediante la eliminación de los comisarios, jefes políticos y de la población en general –similar se hizo en otros países de Europa del Este–. Así, se dejaba a un lado la observación y respeto de los convenios internacionales de la guerra. Por otra parte, la complicidad en el crimen de lesa humanidad contra los judíos acabó dejando una imagen y marca indeleble entre los militares alemanes como meros vulgares asesinos.

 

Según el gobierno alemán, los soldados propios “no cometían crímenes de guerra” y cuando grupos de guerrilleros partisanos atacaban a los soldados alemanes y causaban bajas entre éstos –como represalia– se ejecutaban civiles hasta en proporciones de varios inocentes por cada soldado asesinado. Los militares alemanes no eran obedientes del debido proceso, de la duda razonable ni del respeto de los civiles.

 

Muchos fueron los militares alemanes –soldados y oficiales– que sufrieron un resquebrajamiento de su moral ante lo que ellos consideraban actos inmorales, asesinatos injustificados y crímenes de guerra, pues no era para ello que habían sido entrenados ni preparados. Y es que, el humano promedio tiene en su interior algo conocido como “conciencia” que lo lleva a cavilar, meditar, juzgarse y arrepentirse de sus malas acciones.

 

Para bien de la humanidad, el Deutsches Reich –Imperio Alemán– cayó. Y es que, devolver la gloria y grandeza al país propio a costa de la humillación, saqueo, destrucción y expoliación de los recursos y riquezas de naciones “inferiores”, no puede ser justificable desde ningún punto de vista y solo ha acarreado la ruina para todos los que lo han hecho a lo largo de la historia.

 

Es cierto que puede haber un aparente éxito temporal, pero al final sobreviene el fracaso, sin importar el tiempo que tome. Desafortunadamente, la maldición que conlleva la historia en si misma, es que ésta es siempre repetitiva –se la conozca o no–. ¡Ley inexorable e ineluctable!

 

 

 

¡Saque el lector sus propias conclusiones!

 

 

 

José Roberto Campos hijo

DOM 28 DIC 25

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