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domingo, 10 de enero de 2021

OCASO




MANIFESTANTES INGRESANDO AL CAPITOLIO


Abraham Lincoln dijo muy acertadamente: “A un hombre no lo pruebes en la adversidad, pruébalo dándole poder.”

 

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Todos los seres vivos están sometidos a una ley natural: Nacen, crecen, se reproducen y… mueren. Así, también los sistemas políticos y económicos, las naciones y los imperios siguen similar comportamiento tal como el de sus creadores los hombres. De esta forma, también la repetitiva historia ha dejado escrito en piedra que, todo imperio nace, crece, se multiplica,- por expansionismo o exportación de su modelo-, y acaba siempre muriendo en una forma ineluctable.

 

A principios del siglo pasado, el período transcurrido entre el aparecimiento y desarrollo de nuevos inventos y productos era relativamente largo. En los actuales días, la obsolescencia viene casi de inmediato con el surgimiento de lo nuevo. Igual sucede con los imperios, mismos cuya vida antes era relativamente larga y ahora se ha vuelto cada vez más corta.

 

El Imperio Romano ha seguido ese patrón ineludible, tal como también lo harían después el Imperio Español, el Imperio Británico,- sobre el cual en un momento dado “el Sol jamás se ocultaba”-, y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas,- URSS-, citando ejemplos recientes.

 

No habrá que entrar en mayores detalles cronológicos, tan solo un recuento sucinto:

 

·      El Imperio Romano surge antes del aparecimiento de la era cristiana y su último reducto acaba colapsando allá por 1453.  Años después de la adopción de una religión oficial por parte de éste, a la que se atribuye mucho de la decadencia por el conformismo, y luego las invasiones bárbaras marcan el punto final del mismo.

 

·      Del Imperio Español se puede decir que surge impetuoso en 1492 con la colonización y saqueo del territorio americano, pero entraría en franco declive en 1588 tras la desastrosa expedición de la Armada Invencible que pretendía destronar a Isabel I en Inglaterra. Para mediados del siglo XIX casi todas sus colonias habían logrado la independencia.

 

·        El Imperio Británico entra a ocupar el espacio que deja España. Su declive está marcado con la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América,- EE. UU.-, que culmina en 1783. Irónicamente, son los hijos de este otrora imperio, EE. UU., quienes llegarían al rescate de Inglaterra en la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial, aunque no por razones altruistas si no por razones económicas.

 

·        La URSS surge en 1922, luego de la Guerra Civil tras la caída y posterior asesinato del Zar Nicolás II y su familia en 1917. Era muy dada a exportar la revolución y el comunismo al resto del mundo. Para 1991, la URSS colapsa definitivamente y se desintegra. Esta nación se había constituido desde su nacimiento, en el enemigo natural de EE. UU., de la que fué aliada en la Segunda Guerra Mundial, pero con quien luego se enfrascó en una Guerra Fría hasta su caída propia.

 

·        EE. UU. se comienza a consolidar como gran potencia a partir de 1918, luego de la Primera Guerra Mundial y se vuelve líder indiscutible del mundo luego de la Segunda Guerra Mundial en 1945 con la bomba atómica. ¡Lo demás es historia!

 

Un común denominador que acaba marcando la caída de los imperios es la institucionalización de la corrupción, sinecuras, crisis política permanente, libertinaje de la población, enorme gasto militar, muchas guerras y varios frentes de batalla a la vez, por citar solo algunos problemas. ¿Alguna semejanza con el imperio actual decadente?

 

La población de los imperios en su punto álgido, entra en una fase de acomodo y libertinaje excesivo dada la estabilidad económica de la que goza la población y por el mismo hecho que se ha llegado a hartar de hacer la guerra. ¡Les llega a rebalsar el gusto!

 

Siempre, siempre que un grupo pierde a un líder, al instante otro toma la estafeta. De igual forma sucede con los imperios que caen, otro ocupa su lugar de inmediato. ¡No hay espacio para una vacante temporal!

 

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Poco después del triunfo electoral de Abraham Lincoln a fines de 1860, siete estados sureños se escindieron de la Unión, ante la determinación de aquél de abolir la esclavitud, base de la economía agrícola del sur. Tras la guerra civil, nació EE. UU. en la forma que ahora se le conoce. ¡Casi un millón de muertos y la reconciliación que pidió Lincoln aún no se ha dado plenamente!

 

El pasado día Miércoles 6, mismo día en que el Congreso debía ratificar el triunfo de Joseph Robinette Biden Jr. como presidente electo de EE. UU., una multitud blanca, enarbolando banderas confederadas asaltó el Capitolio de la capital, alentada por el presidente Donald John Trump. ¡Parece un renacimiento de la creencia en la “causa perdida, justa y heroica” del viejo sur!

 

MANIFESTANTES ESCALANDO UN MURO DEL CAPITOLIO


Ya había anunciado Trump antes de Navidad su participación en dicha “Marcha para salvar América”, indicando: “Seremos salvajes.” ¡Hubo cinco muertos y un gran destrozo, así que no era mentira!

 

El 2 de Enero, Trump telefonea al Secretario de Estado de Georgia, responsable del escrutinio electoral, para pedirle que “encuentre” 11,780 votos, necesarios para revertir su derrota en las presidenciales del 3 de Noviembre pasado frente a Biden.

 

El Washington Post,- el mismo periódico que sacó a la luz pública el escándalo “Watergate” y que llevó al Presidente Nixon a renunciar-, ha publicado la conversación del Presidente Trump con el funcionario de Georgia.

 

El pasado Martes 5, se dan elecciones para el Senado en Georgia. Los dos candidatos demócratas, Raphael Warnock y Jon Ossoff, ganan por estrecho margen. El reverendo Warnock, hijo de una familia muy humilde de Savannah, descendiente de esclavos, se convierte en el primer senador negro de un antiguo estado confederado.

 

A media mañana del Miércoles de esta semana, mientras Georgia aún contaba los últimos votos de sus elecciones al Senado, Trump toma la palabra ante miles de sus partidarios concentrados en la Elipse, la explanada que se abre al sur de la Casa Blanca. “Nunca nos rendiremos. Nunca concederemos la derrota”, les dice. Hacerlo equivaldría “a la destrucción de nuestro país”. A pesar que no ha prosperado ninguna del medio centenar de demandas judiciales,- algunas presentadas ante la Corte Suprema-, Trump insiste en que ha habido fraude. “Todos los que estamos reunidos aquí no queremos que los demócratas, envalentonados y radicales, nos roben la victoria.”

 

MANIFESTANTE EN EL ESCRITORIO DE LA PRESIDENTE DEL CONGRESO


Las dos cámaras del Congreso se han reunido para certificar el resultado de las presidenciales. Ciento cuarenta y siete representantes republicanos,- más de la mitad del grupo parlamentario-, así como trece senadores, se oponen a validar la victoria de Biden.

 

En la Elipse, Trump llama “luchadores” a sus seguidores y presiona al vicepresidente Mike Pence, quien preside el Senado y la sesión. Su papel es meramente protocolario, pero Trump insiste en que debe negarse a refrendar el resultado electoral. “Si Mike hace lo que debe, ganamos la elección.”

 

El Presidente critica a la prensa, a la Corte Suprema y a William Barr, recién dimitido fiscal general por no querer ser su abogado personal. Acto seguido anima a sus seguidores a que marchen hacia el Capitolio. “Peleamos a muerte,- les dice-, porque si no peleamos a muerte no vamos a poder recuperar nuestro país.”

 

Decenas de seguidores de Trump suben las escalinatas del Capitolio mientras otros escalan el muro, a semejanza de los indocumentados que escalan el muro para ingresar a EE. UU. Algunos llevan armas, uniformes militares y disfraces.

 

Ahora hay una gran presión para que Trump dimita y/o, para que el vicepresidente Pence apoye la destitución y el Congreso la avale. Muchos republicanos han trazado una raya en el piso y han dicho que no la cruzarán y no brindan su respaldo al Presidente por estos actos, incluido el Vicepresidente.

 

Mientras tanto, China, Rusia, Europa y el resto del mundo se desternillan y miran como aquellos promotores de invasiones y exportadores de Golpes de Estado, sufren este embate.

 

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Dice el refranero popular: “La cuña, para que apriete, ha de ser del mismo palo.” De ordinario, ninguno es peor para enemigo que el que ha sido amigo, o del mismo oficio o familia, etc.

 

 

 

¡Saque el lector sus propias conclusiones!

 

 

 

José Roberto Campos h.

DOM 10 ENE 21

 

 

 


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