INVASION ATENIENSE A SICILIA
Recién
cobra relevancia un concepto definido hasta hace unos cuantos años: “Terrorismo
Económico –TE– o Terrorismo
Financiero –TF–.”
Mientras
la guerra económica es llevada a cabo por estados contra estados, el TE es perpetrado por actores
transnacionales –estatales o no–. Ello implica acciones que buscan
desestabilizar en formas diversas, coordinadas y sofisticadas –incluso masivas–,
para llevar inestabilidad económica y financiera a un estado, grupo de estados
o una sociedad –rivales– por motivos ideológicos o religiosos. Ejemplos de
fácil comprensión: bloqueos y embargos económicos contra países, amenazas
contra los que contravengan dichos bloqueos y embargos, aranceles
desproporcionados, congelamiento de activos, cierres de vías de comercio y
otros por el estilo.
Por supuesto, quien recurre al TE lo justifica de diversas formas:
lucha por la democracia, por la libertad, defensa propia, etc. Así, mientras lo
aplica el bando propio debe ser considerado legítimo mas, si lo aplica el
rival, entonces sí debe ser considerado como mero y procaz TF.
Es harto sencillo rasgarse las
vestiduras en señal de indignación por los “abusos” cometidos por otro,
haciendo a un lado todo el propio atropello en perjuicio de los demás débiles
que han debido soportar históricamente los exabruptos y expoliación a manos del
poderoso.
* * *
En anteriores escritos se ha citado a Tucídides –c. 460–400 a.C.– quien fue un historiador y estratega militar ateniense, autor de la Historia de la Guerra del Peloponeso. Considerado el fundador de la historiografía científica, eliminó la intervención divina en sus relatos, enfocándose en la causalidad humana y política.
Fue elegido estratego –general– en
el 424 a.C. durante la Guerra del Peloponeso. Debido a la pérdida de la ciudad
de Anfípolis frente a los espartanos, fue condenado al exilio durante veinte
años. Este tiempo le permitió observar el conflicto desde la perspectiva de
ambos bandos.
En su obra, analiza el conflicto
entre Atenas y Esparta, destacando las causas profundas como el temor al
imperialismo ateniense. Es pionero en la búsqueda de la verdad histórica y el
análisis de la Realpolitik –Lógica
del Poder–.
En honor a este ateniense, el autor Graham Allison creó una
teoría de relaciones internacionales, llamada la Trampa de Tucídides, que describe el peligro de guerra cuando una
potencia emergente desafía a una dominante. Sugiere que el temor de la potencia
ya establecida contra el ascenso de la nueva, tiende a provocar conflictos, un
patrón visto en 12 de 16 casos históricos analizados.
* * *
“La historia no se
repite, pero rima mucho”, es una frase
atribuida a Mark Twain, misma que indica que, los eventos históricos
no ocurren exactamente igual dos veces pero sí muestran patrones, tendencias y
estructuras similares debido a la naturaleza humana y comportamientos sociales
recurrentes. Es una espiral donde el contexto
cambia, pero la esencia subyacente perdura.
Años después, el filósofo George Santayana dijo que, “aquellos que no pueden recordar el pasado
están condenados a repetirlo”, que fue luego transformada a “aquellos que no conocen la historia están
condenados a repetirla”.
A
modo propio de ver, la historia siempre –siempre– se repite, sea o no conocida.
Un
ejemplo muy similar a la actualidad:
Atenas invadió Sicilia entre
el 415 y el 413 a.C., en una campaña conocida como la Expedición a Sicilia. Liderada inicialmente por Alcibíades, Nicias
y Lámaco, la expedición buscaba conquistar Siracusa y expandir el imperio. Inicialmente
se dio un éxito parcial, pero terminó en un desastre total que marcó el inicio
del fin para Atenas. Los generales de las fuerzas invasoras tenían escaso
conocimiento de la geografía y de la población local, razón por la cual las
fuerzas atenienses resultaron inadecuadas. Atenas respondió –¿en forma
altruista?– a una petición de ayuda de sus aliados en Sicilia –Segesta– contra
Siracusa, pero la verdadera intención era conquistar la isla. ¡No hay almuerzo
gratis!
Se envió una flota inmensa de más de 100 trirremes
y 5,000 soldados. Luego, a pesar de algunos triunfos iniciales y de sitiar
Siracusa, los atenienses pidieron auxilio a los cartagineses y a los etruscos –aliados–
pero –sucintamente– la falta de unidad en el mando y la llegada de ayuda
espartana acabaron por cambiar el rumbo de la guerra.
Al final –413 a.C– las fuerzas atenienses fueron
derrotadas, sus naves destruidas y sus soldados capturados o ejecutados. Así,
se perdió la flota y el ejército, lo cual debilitó gravemente a Atenas,
provocando una crisis interna y contribuyendo a su rendición final ante
Esparta.
Por supuesto, inicialmente se vendió la historia que
las cosas estaban marchando de lo mejor para Atenas, pero ya en los últimos
días, Nicias debió sincerarse debiendo pedir refuerzos.
Esta campaña es famosa por la
descripción detallada que hizo Tucídides, destacando cómo la arrogancia
imperial –hibris, hybris o hubris, concepto
griego antiguo que denota desmesura, soberbia, arrogancia y orgullo extremo– llevó al
imperio a una derrota catastrófica.
Históricamente, casi todos los
gobernantes que adolecen de la hibris, acaban por llevar a su nación
a la ruina. ¡Cómo muestra la siempre repetitiva historia, el puerto final de
llegada al que conduce la soberbia de los iracundos e irreflexivos gobernantes!
Una
historia hace comprender las argucias con las que los atenienses –invasores– pretendieron
engañar a sus enemigos en la campaña citada: la
fábula del escorpión y la rana cuenta cómo aquél pide a ésta que lo
cruce un río, prometiendo no picarla. A mitad del camino, el escorpión pica a
la rana, condenando a ambos a un inexorable e ineluctable desenlace fatal, argumentando
el arácnido antes de morir: “No puedo evitarlo, es mi naturaleza.”
¡Parece
ser que, los gobernantes que adolecen de la hibris, no cambian nunca su naturaleza destructiva!
¡Saque el lector sus propias
conclusiones!
José Roberto Campos hijo
DOM 12 ABR 26
¡Gracias por leer y compartir!


